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lunes, 23 de septiembre de 2013

Moshé Arragel y la Biblia de Alba

Aunque no se conoce muy bien el año de nacimiento, si se sabe que Moshé Arragel era oriundo de Guadalajara, por lo que le conoce como Moshé Arragel de Guadalfajara o Moisés Arragel de Guadalajara. Protegido de la familia de los Mendoza, se le considera como uno de los hombres de mayor conocimiento cultural de su momento, ya que conoció, y así se refleja en sus comentarios, tanto a escritores cristianos como San Jerónimo y San Bernardo, como las obras del judaísmo, desde el Talmud y los Midrashim hasta Maimónides o Ben Ezrá, y los clásicos de la antigüedad como Aristóteles, Euclides y Plinio el Naturalista. 


Hacia 1422 se estableció en la localidad toledana de Maqueda, donde realizaba las funciones de rabino de la comunidad, y fue allí donde el Maestre de la Orden de Calatrava, Luís González de Guzmán, en un intento de fomentar el entendimiento y la tolerancia entre cristianos y judíos patrocinaría la traducción, aunque no se trataría de la primera traducción de la Biblia a una lengua romance, como a veces se dice, ya que hoy se conocen al menos diez versiones anteriores al siglo XIII, pero si sería la traducción directa de la versión del hebreo, ya que contiene sólo los libros del llamado “Antiguo Testamento”, dispuestos, no según el orden de la Vulgata, sino según el canon judío.

Parece, y así cuentan las crónicas, que la envergadura y complejidad de este proyecto le produjo cierto temor, ya que al realizar la traducción advirtió de que intentaría no realizar proselitismo aunque la obra pudiera resultar atrevida para el cristiano, por no ajustarse al criterio imperante en esa época; por esta razón, la traducción siempre estaría supervisada por el franciscano Arias de Encina. Para su finalización, Moshé se traslada a Toledo, donde la pudo concluir hacia 1433. El códice está compuesto por 513 folios, de los cuales 25 son la correspondencia entre Luis Guzmán y Moshé Arragel, escrito a dos columnas, en letras del siglo XV, ilustrada con láminas, capitales, orlas y dibujos en colores y negro y con 334 miniaturas. 

La obra realizada por Moshé tiene fundamentalmente un enfoque racionalista y tiene interés no sólo literario y teológico, sino que es una de las pocas obras que al estar cumplimentada con interpretaciones y comentarios de sabios y teólogos tanto judíos como cristianos, destacando entre los primeros a Abraham ibn Ezra, Maimónides, Nahmánides o Nissim de Barcelona y opiniones de cabalistas, así como fábulas y cuentos. En varios pasajes de su obra pone de relieve su propia conciencia y orgullo nacional, pues según sus propias palabras los reyes de España solían honrar a los judíos de su país por sus cualidades y virtudes. Por ello los judíos españoles sobrepasan a los demás de la Diáspora

"en linaje, en rriqueza, en bondades, en sçiençia. E los reyes e señores de Castilla siempre fallaron que todo o lo mas que oy los judios auemos de glosa ssobre la ley e en las sus leyes e derechos e otras sçiençias fue fallado conpuesto por los sabios judios de Castilla, e por su doctrina oy sson regidos los judios en todos los reynos de la su trasmigraçion."

Y es que Arragel fue un gran defensor de la tradición judía hispánica, es decir, del sefardismo, y entre sus observaciones hay que destacar una cita en la que dice que “los comentarios de la Toráh, y las leyes y juicios y las otras disciplinas que nosotros, los judíos, poseemos hoy día, fueron todos, o casi todos, escritos por sabios judíos en Castilla”.

Arragel, tras el Edicto de Granada, se exilió a Portugal en 1492, donde falleció al año siguiente.


 

Una de las características más importantes de esta obra son sus ilustraciones, lo cual la diferencian de lo que hubiera sido una traducción más o menos fiel de la Torá, lo que no hubiera sido permitido por la ley mosaica; los artistas que hicieron las magníficas ilustraciones y decoraciones en la biblia parecen haber sido cristianos, aunque es más que probable que Arragel dirigiese el trabajo artístico, de modo que con frecuencia las ilustraciones contienen motivos e imágenes sacadas del Midrás y de la tradición interpretativa judía. Entre estas ilustraciones, podemos encontrar al mismísimo Moshé Arragel, que le representan ataviado con sus típicas vestiduras y llevando la insignia redonda amarilla que en ese momento debían llevar los judíos en sus ropas para poder ser fácilmente identificados.


No se sabe si el manuscrito, una vez concluido, llegó a entregarse al Maestre de Calatrava. Entre 1443, fecha de la muerte del Maestre Don Luis de Guzmán y 1482 el manuscrito que contenía el trabajo de Arragel no se menciona en el testamento del Maestre ni en el de su viuda o herederos. En 1474, según el historiador Ladero Quesada, el manuscrito se encontraba en el Alcázar de Segovia como parte del tesoro de Enrique IV. En 1480 pasa a la propiedad de Isabel la Católica, aunque en 1501 ya no se menciona en su patrimonio. Tras la expulsión de los judíos, el manuscrito es confiscado por la Inquisición, y no se vuelve a saber nada del códice, hasta que en 1624 cuando el Inquisidor General Andrés Pacheco, descendiente de Juan Pacheco, marqués de Villena, lo regala al Conde-Duque de Olivares. De ahí pasa por adquisición a la casa de Alba. Desde entonces, ésta obra es conocida como Biblia de la casa de Alba.

martes, 7 de mayo de 2013

La Hagadá de Sarajevo

La Hagadá (de la raíz hebrea “HGD”, que significa narración) es un texto utilizado para los servicios de la noche de Pésaj que recoge bendiciones, cánticos y la historia de la liberación y salida del pueblo de Israel de Egipto de acuerdo a lo que se describe en el Libro del Éxodo. En realidad, no existe una única versión del texto, sino que estas varían de una rama a otra del judaísmo y su origen goegráfico. Durante la edad media, fueron producidas en forma de manuscritos, generalmente por encargo de familias ricas e ilustradas por artistas anónimos y escribas, en las que se incluían pinturas e ilustraciones de diversas escenas inspiradas en la Biblia.


En este caso, la Hagadá de Sarajevo, mostrada hoy en día en el Museo Nacional de Bosnia y Herzegovina en Sarajevo, es importante por ser uno de los manuscritos judíos más antiguos y más bellos, y por ser uno de los libros más valiosos de los que existen (en 1991 fue tasado en 700 millones de dólares).

Está fechada en torno a 1350, aunque los expertos no se ponen de acuerdo en su origen; Se ha barajado que pudo haberse redactado e ilustrado en Barcelona o en Tarragona debido al establecimiento en Cataluña de una importante escuela de ilustradores en torno a los Siglos XIII y XIV con obras sobresalientes como la Biblia de Cervera, la Hagadá de Auren, la Hagadá de Barcelona o la Hagadá Kaufmann. También se ha podido contemplar  que debido a la naturaleza de la materia prima sobre la que está escrita, pudiera haber sido realizada en el reino de Aragón o incluso Soria, donde el cabalista Sem-Tob ben Abraham ibn Gaón pudiera haber sido uno de sus autores.


En lo que si coinciden los expertos es que la obra fue realizada a finales del llamado período de la "Convivencia", en la que cristianos, musulmanes y judíos vivieron en relativa paz y tolerancia, marcada por la intensa interacción entre las tres culturas coexistentes y por una fase de transmisión del conocimiento antiguo y moderno del mundo islámico a la Europa cristiana. La decoración sefardí constituye una muestra de los muchos contactos culturales que se desarrollaron en la cultura ibérica medieval.

Esta Hagadá es considerada como uno de los máximos exponentes de los llamados manuscritos iluminados por contener un gran número de imágenes narrativas y figurativas y de rica decoración, donde se confirma no sólo la influencia del arte islámico en la ornamentación, sino que además refleja algunos motivos característicos del arte gótico como es de esperar a lo largo de los siglos XII al XIV.



Además, este tipo de manuscritos ilustrados son unas de las primeras actividades artísticas de la comunidad judía fuera de lo que hasta la edad media había estado restringida al ámbito de la decoración de las sinagogas y al embellecimiento de objetos utilizados en rituales como los de la celebración del shabat y de las festividades religiosas de las comunidades o dentro del ámbito familiar.

Los primeros elementos manuscritos ilustrados de arte judío aparecen principalmente en Alemania entre los siglos XI y XII por influencia de los libros góticos y más tarde en la península Ibérica e Italia a finales de los siglos XIII y principios del siglo XIV. Entre los elementos artísticos más sobresalientes de esta época, se encuentran las hagadot de Pésaj, las meguilot de Purim y de Sucot y las ketubot matrimoniales. Estas primeras obras ilustradas presentan la peculiaridad de que las figuras humanas contienen rostros en forma de animales, principalmente de aves, fundamentalmente por el temor a incurrir en idolatría en la representación de rostros humanos, basados en el segundo mandamiento.



Lo que si hay que resaltar es que a diferencia de la Biblia cristiana o la Torá, que se utilizaba con frecuencia durante la oración comunitaria, la Hagadá tiene un carácter privado, por lo que en general está diseñada en un pequeño formato, como se comprueba en esta Hagadá de Sarajevo y si bien durante siglos había permanecido unida al libro de oraciones, en algún momento del s. XIII se convierte en un volumen independiente. Muy poco tiempo después se erigió en el tipo de libro ideal para ser iluminado, motivo por el cual nos ha llegado una gran cantidad de haggadot decoradas en la edad Media y comienzos de la edad Moderna. El carácter narrativo, ceremonial y didáctico de este libro ha dado lugar a una gran variedad de tipos de ilustración hasta nuestros días.

La Hagadá se Sarajevo contiene entre sus páginas un emblema heráldico que se cree pudo pertenecer a una familia del call de Barcelona. En el escudo de este emblema aparecen una rosa y un ala, por lo que se especula que pudiera haber sido un encargo de las familias Shoshán (rosa en hebreo) y Elezar (Ala en hebreo) para un enlace nupcial entre ambas ricas familias barcelonesas.

Fue fabricada para caber en la palma de una mano, de modo que es una miniatura y está escrita a mano en piel de becerro aragonés blanqueada y con elementos de oro, cobre y con acabados en vivos colores como el rojo y el azul típico del gótico italiano, que fue predominante en el reino de Aragón durante la época de su elaboración. Consta de 142 páginas, de las que 34 páginas tienen ilustraciones de la Biblia, desde el génesis hasta la muerte de Moisés. Es curioso comprobar como algunas páginas tienen manchas de vino, lo que evidencia que esta hagadá se utilizó en muchos seder de pesaj


Es probable que la hagadá saliera de la península Ibérica entre finales del Siglo XIV y finales del siglo XV coincidiendo con los episodios de violencia que se produjeron a partir de 1391 y que continuaron a lo largo del siglo XV o bien tras el edicto de expulsión de la comunidad judía de los reinos de Castilla y Aragón en 1492. Tras esto, la Hagadá se pierde en la leyenda, hasta que vuelve a aparecer en Italia a principios del siglo XVII. La tradición cuenta que la Hagadá es trasladada a Portugal pero al instaurarse en 1497 la inquisición en Portugal, es enterrada para ocultarla y salvarla de las llamas de la inquisición y encontrada años después en las raíces de un olivo, vendiéndose a una familia judía que se la llevaría a Venecia sobre el 1609. Las notas en los márgenes de la Hagadá y la estampa del sello de autorización del Santo Oficio de la Inquisición, que contiene la firma del inquisidor Giovanni Domenico Vistorini, la salva de nuevo de ser pasto de la censura, verifican este episodio.

De Italia, la Hagadá pasó a Dubrovnic y finalmente a Sarajevo cuando esta formaba parte del Imperio Otomano, donde volvió a pasar a la comunidad sefaradí creada por exiliados en 1566. Nuevamente la Hagadá vivió un período de "Convivencia", esta vez bajo el tolerante sistema de los turcos hacia las minorías. Allí pasaría a ser conocida por la comunidad sefardí como la “Hagadá de Sarai de Bosnia". 


En 1894 el libro es vendido por Josef Cohén al Museo de Bosnia por la cantidad de 15 florintos, y el Museo la envía a Viena para su restauración y estudio por expertos para ratificar su autenticidad, pero parece que allí es donde sufre más daños, hasta el punto de que sus ribetes de oro y plata son robados. Durante 20 años la Hagadá permanece en paradero desconocido, hasta que el mismo director del Museo Bosnio se preocupa por este tesoro y la recupera tras un viaje a Austria.

La Hagadá permanece guardada en el museo hasta comienzos de la segunda guerra mundial. El ejército nazi ocupa Sarajevo en abril de 1941, y bajo la ocupación del general alemán Johan Hans Fortner, entre 12.000 y 15.000 judíos de la comunidad bosnia son asesinados. Este mismo general pide al director del museo, Jozo Patricevic, que le entregue la Hagadá, pero este le informa que ya había sido entregada a otro general que había ordenado su incautación. En realidad Devis Korkut, un bibliotecario musulmán de origen albano-bosnio, conocedor de la valía de este manuscrito, decide llevarse la Hagadá a las montañas en las afueras de la ciudad, y entregarla a un clérigo musulmán de una mezquita de Zenica donde la esconde bajo las tablas del suelo de este edificio con otros libros sagrados, lugar en el que los nazis posiblemente nunca pensaran encontrar un libro judío.

La historia de Dervis Korkut, quien salvó el libro de los nazis, fue relatada en un reportaje de Geraldine Brooks en la revista The New Yorker que le hizo merecer el premio Pullitzer en 2006, y más tarde escribiría una novela sobre este tema: “Los Guardianes del Libro” (People of the Book). El artículo también expone la historia de la joven judía, Mira Papo, quien Korkut y su mujer se escondieron de los nazis. En un giro del destino, Mira Papo haría lo mismo con la hija de Korkut durante la guerra de los Balcanes en la década de 1990. ”Yad va shem” designó a Dervis Korkut como “Justo entre las naciones”. 



La Hagadá fue devuelta al Museo donde permaneció durante los años del gobierno del mariscal Tito. El mariscal serbio con el fin de vengarse de todos los funcionarios y empleados públicos bosnios y croatas que colaboraron con el régimen nazi, apresa entre otro a Dervis Korkut y los condena a muerta con la acusación de colaboración con el enemigo. La familia de Korkut logra localizar a Mira Papo para que testificara a su favor, pero esta se niega a hacerlo. En 1969, Dervis Korkut muere por causas naturales en una presión yugoeslava. 

Entre 1992 y 1995 una nueva guerra en los Balcanes enfrentó a bosnios y serbios,. Y el Museo es saqueado, pero el manuscrito de la Hagadá sobrevive gracias a que los delincuentes no le dan demasiado valor. Durante el bombardeo de Sarajevo por tropas Serbias, durante la cual el Museo Nacional de Sarajevo estuvo en la línea de fuego, otro musulmán, el profesor Enver Imamovic, saca la Hagadá del Museo y la guarda en la caja acorazada del Banco Nacional de Sarajevo. Terminada la guerra, la Hagadá no es mostrada en el Museo, con el consiguiente rumor de que había sido vendida para comprar armas. Para acallar dichos rumores, el presidente de Bosnia la presenta en público en 1995 durante la conmemoración de la Pascua.

En 2001 es restaurado gracias a una campaña financiada por la ONU con un coste de unos 120.000 dólares y desde 2002 se encuentra expuesto en el Museo Nacional de Bosnia Herzegovina junto a otros documentos valiosos del Islam, el cristianismo ortodoxo y del catolicismo romano. 



La Hagadá se encuentra hoy dia nuevamente en el museo de Sarajevo bajo estrictas medidas de seguridad tras sufrir los golpes de la expulsión, la Inquisición, el Holocausto y las guerras. Sin lugar a dudas, la Hagadá es uno de los tesoros del legado artístico, cultural y espiritual del judaísmo en general y de los sefardíes en particular.

martes, 26 de febrero de 2013

La Aljama de Caracena

Hoy Caracena, la que antaño fue villa principal de la tierra de su mismo nombre (cabeza de más de una veintena de aldeas), se encuentra semiabandonada, aunque aún se pueden percibir los abundantes signos de su esplendor medieval, como son sus dos iglesias (de San Pedro y de Santa María o Virgen del Casado), la cárcel, la plaza mayor, su trazado urbano o su Castillo


La zona de la Villa de Caracena, entre dos barrancos, el del río Caracena y el Adante, formados durante miles de años en estas agrestes tierras, fue habitada desde al menos la edad de bronce (1500-1200 a.c.), como lo atestigua el yacimiento de Los Tolmos, el más representativo de la provincia de Soria. 




En él se descubrieron tumbas antropomórficas rupestres, sepulturas en hoyos de inhumación y objetos como hachas, puntas de flecha o fragmentos de cerámica campaniforme. También estas tierras fueron escenario de las guerras celtíberas, donde los arévacos se enfrentaron a las legiones del cónsul Pompeyo en 141 a.c. No hay, sin embargo, constancia de asentamiento alguno durante la dominación romana, aunque como enclave en el camino entre Tiermes y Uxama, pudo haber tenido cierta importancia para el control de la vía.

La importancia de Caracena llegaría, como el resto de tierras sorianas, por encontrarse durante los siglos X y XI en la marca fronteriza entre los reinos cristianos y los musulmanes. Es durante estos siglos cuando se construye su castillo. En sus inmediaciones tendría lugar una de las más cruentas batallas entre musulmanes y cristianos, la batalla de Alhandega, en la que una emboscada en los cañones y barrancos de la sierra de Pela, de los ejércitos cristianos a los de Abderramán, darían la victoria a estos primeros y causaría una gran pérdida al califato de Córdoba.

Durante el siglo XI y alejada ya la frontera hacia el Tajo, se concedieron fueros reales y determinados privilegios a aquellas gentes que acudieran a poblar la zona de las Comunidades de Villa y Tierra de la Extremadura Castellana, entre las que se encontraba  Caracena. 



Tanto Fernando I de León como su hijo Alfonso VI, consideraron Caracena como una plaza prioritaria de repoblación. Surge así la Comunidad de Villa y Tierra de Caracena. En 1113 ya estaba totalmente estructurada y según el censo del año 1594, la villa estaba constituida por diecinueve pueblos o aldeas y trece despoblados.

A finales del siglo XIV es entregada a la familia Tovar, que la mantiene en su poder hasta la guerra de sucesión de finales del siglo XV. Los Reyes Católicos confiscarían la villa y la entregarían junto con sus aldeas a Alfonso Carrillo de Acuña II, sobrino del famoso arzobispo de Toledo. Una de las primeras medidas de Carrillo será reconstruir el castillo de Caracena. 




La presencia judía en Caracena no se hace patente hasta bien entrado el siglo XV, donde se aprecia, a diferencia de siglos anteriores, como los impuestos pagados por la comunidad van creciendo año tras año, lo que nos indica que a diferencia de otras poblaciones castellanas, la villa fue repoblándose de judíos. Sin embargo, a día de hoy, sólo estos datos contables y los expedientes inquisitoriales de 1498 archivados en Cuenca nos indican algo sobre la aljama de Caracena.
De estos expedientes inquisitoriales destaca la mención de una sinagoga, aunque en ningún documento llega a indicarse su ubicación. La tradición popular sitúa en el llamado “Arrabal de Gormaz”, al norte de la población, la aljama. Esta zona urbana, hoy en día desaparecida y que forma parte de las llamadas eras del pueblo, antaño tendría la misma configuración medieval que tiene el resto de la villa. 




Se trata de una distribución de calles estrechas y que se adaptan a las irregularidades del terreno, que confluirían de manera radial en la Plaza mayor. Por la situación de la iglesia de la Virgen del Casado, se ha pensado que pudo ser la sinagoga que se menciona en los expedientes inquisitoriales, aunque por sus características románicas y su riqueza en elementos visigóticos y mudéjares podría descartarse rápidamente esta idea según el historiador Juan Gaya Nuño.

 
Ver La judería de Caracena en un mapa más grande

Bibliografía:
[1] Judíos y judaizantes de Caracena. Ricardo Muñoz Solla. Revista El Olivo, nº 53. Universidad de Salamanca
[2] Los repartimientos del. «servicio y medio servicio» de los judíos de Castilla de 1484,1485,1490 y 1491. Gonzalo Viñuales Fereriro. Uned, Madrid.
[3] Censo de población de las provincias y partidos de la Corona de Castilla en el Siglo XVI. Tomás González (1829).
[4] Del Pasado Judío en Los Reinos Medievales Hispánicos: Afinidad y Distanciamiento. Yolanda Moreno. Colección Humanidades
 

lunes, 13 de agosto de 2012

La Judería de Alcalá de Henares (II)

La Judería Alcalaína llegó a contar también con su cementerio. La ubicación de este osario aún no está muy clara. Hay autores que lo sitúan en el actual Parque de O’Donnell, mientras que otros lo situan en los alrededores de la ermita de San Isidro o en lo que se llamaba «eras de afuera» o «eras de San Isidro», al noroeste de la ciudad de Alcalá y junto al cauce que traía agua de Villamalea, y del sobrante de la fuente del Caño Gordo al foso de la muralla en la Puerta de Mártires, antes conocida como de Guadalajara. 


La única certeza documental al respecto se encuentra en un testimonio inquisitorial (1547) en el que dos testigos, Pedro Manuel y Francisco de Hormero, mayores de 70 años, atestiguan que "[...] los judíos tenían un onsario de media legua en largo, donde se enterraban".
De vuelta al barrio judío, y a la calle Mayor, debemos resaltar dos edificios, uno junto al otro, relacionados indirectamente con la presencia judía en la peníncula: El Hospital de Antenaza y la Casa Natal de Miguel de Cervantes.

El Hospital de Antezana, fue erigido por iniciativa del noble caballero Luis de Antezana en el  año 1483. La fundación de nuevos hospitales a partir de mediados del siglo XIV tiene como finalidad básica conseguir el aislamiento de los miserables, a transeúntes enfermos y ancianos. El edificio, ejemplo de arquitectura mudéjar, está rematado en su fachada por un bello alero nazarí, con sus dobles canecillos inclinados y muy volados, semejante al de la cárcel de la Santa Hermandad en Toledo. En este hospital se cree que trabajó Rodrigo de Cervantes, cirujano y padre del insigne autor alcalaíno, y de origen converso.
La construcción de este Hospital en pleno corazón del Barrio Judío no está muy claro, pero una de las posibles razones, pudo ser el afán que tenían las autoridades eclesiásticas de conseguir el máximo número de conversiones al catolicismo entre la población judía.


El otro edificio de mención es el Museo Casa Natal deCervantes, donde según la tradición, se sitúa en el inmueble donde nació el escritor. Este edificio recrea distintas estancias de una casa típica de los siglos XVI y XVII. El museo dedica también dos de sus salas a la exposición de su colección bibliográfica, que cuenta con algunas de las ediciones más importantes de la obra de Cervantes, curiosidades y rarezas bibliográficas.


La última parada importante de la visita a la judería de Alcalá es el Museo Arqueológico de la Comunidad de Madrid, donde se recogen piezas de los distintos yacimientos arqueológicos de la región. Contiene una pequeña y no muy importante colección de algunos utensilios utilizados en rituales judíos de las distinas juderías de la región, en especial de Madrid.


Por último, no podemos dejar la ciudad de Alcalá, sin mencionar a su universidad. La Universidad Complutense, o en la actualidad de Alcalá de Henares y el Colegio Mayor de San Ildefonso fueron fundados posteriormente a la expulsión de los judíos en 1492, por el Cardenal Cisneros en 1498, pero sin embargo, si está si está relacionada con el mundo judío porque conversos como Alfonso de Zamora o Pablo Coronel, hermano de Abraham Seneor, llegaron a dar clases en ella. 


Aquí se creó la primera cátedra de Hebreo en una universidad de la mano de Alfonso de Zamora que promovió el estudio de esta lengua y creó la primera Biblía Políglota impresa en el mundo, la Biblía Políglota Complutense, con la ayuda del lingüista Alfonso de Alcalá


Otras personalidades de origen converso fueron Pedro de Lerma, que consiguió la cancillería de la Universidad otorgada por el Cardenal Cisneros, o Antonio de Nebrija, autor de la primera gramática Castellana.
De entre los judíos célebres de Alcalá, destacaron hombres como el escritor Menahem Ben Zerah (1368) o el historiador, Isaac Abravanel (siglos XIV-XV).

martes, 24 de abril de 2012

La presencia judía en Pastrana

Habitada, al menos, desde época romana, Pastrana  pasó de manos visigodas a musulmanas y después a manos cristianas. No tuvo ni importancia comercial ni estratégica hasta que en el año 1174, el rey Alfonso VIII de Castilla concede a la hasta entonces aldea, junto con Zorita de los Canes, a la Orden de Calatrava, quienes empezarían a repoblarla y de quienes obtendría importantes recursos económicos y privilegios.



No se conocen, durante todo el S.XIII y parte del XIV, noticias históricas concretas sobre Pastrana, pero estudios han concluido que era una aldea con marcado carácter rural, cuyo núcleo urbano se asentaría a media ladera, donde aparecían manantiales y a medio camino entre las superficies labradas de los altos y la vega del fondo del valle, situación esta característica de la mayor parte de las poblaciones de la zona, y que responde a la configuración de autoabastecimiento propia de una economía agrícola y ganadera de subsistencia. No es hasta que el rey Enrique II de Castilla a propuesta del maestre calatravo le concede el privilegio de villazgo en 1369, cuando esta población adquiere cierta importancia, creciendo entonces su población en detrimento de Zorita, y que la irá configurando como importante villa durante el S. XV.


El núcleo de Pastrana, fue creciendo paulatinamente ladera abajo, hacia la que, construida la muralla, sería la Puerta Castellana, en la zona más baja, y hacia la puerta de San Francisco, estableciéndose la plaza de los Cuatro Caños, como centro neurálgico de la villa. 




La construcción de la muralla de Pastrana, fue consecuencia, como en otras villas alcarreñas, de los disturbios y diversas guerras internas en el reino de Castilla que se produjeron durante el S. XIV. Fue en este momento, cuando el enclave de Zorita, debido a su alejamiento del resto de propiedades de la Orden de Calatrava, se convirtió en bastión de revueltas, comenzando su progresivo deterioro, frente a localidades como Pastrana. El recinto amurallado, que contó con hasta ocho puertas y portillos, se adaptó a la topografía, y se conformó con un perímetro irregular, entre dos arroyos que se juntan al pie del pueblo.



Hasta el día de hoy, no se ha constatado una judería o aljama separada físicamente intramuros; Tan sólo una zona extramuros, que en la actualidad se conoce como “El Albaicín”, nombre con el que se le dio a conocer a partir del S. XVI cuando acogió población morisca expulsada durante la rebelión de las Alpujarras por Doña Ana de Éboli con la intención de crear en Pastrana un gran centro de producción de seda, pudo ser un arrabal con cierta presencia judía durante los siglos XIV y XV.

Ver Presencia Judía en Pastrana en un mapa más grande

Un antiguo caserón en la actual calle de La Palma en cuya fachada hay grabados o esgrafiados sobre estuco con detalles mudéjares y, entre ellos, la estrella de David de seis puntas, se identifica popularmente con una posible Sinagoga Judía. Es extraño encontrar esgrafiados en  esta parte de Castilla, más siendo un ornamento típico de comienzos del renacimiento, época en la que los judíos tenían que habitar  obligatoriamente fuera de los núcleos urbanos y separados. tras la promulgación de las Leyes de Ayllón. Además, es raro que un edificio, como una sinagoga, tuviera alguna simbología de este tipo en la fachada, encontrándose este tipo de ornamentación mudéjar normalmente en el interior de los templos, como por ejemplo en los techos de Santa María la Blanca, en Toledo. Por esta razón, pocos estudios han verificado que este edificio hubiese tenido culto judío, más aún, estando tan céntrico y con tan baja población judía en Pastrana con anterioridad al siglo XIV.






Unos números más abajo, en la confluencia con la Calle de San Francisco, se encuentra la casa de la Santa Inquisición, esta vez si, indicada con un gran escudo, donde se aprecia a un lado una espada, que simboliza el trato a los herejes, y al otro una rama de olivo, como símbolo de la reconciliación con los arrepentidos




En estudios sobre las deudas debidas a los judíos de Pastrana aparecen como prestamistas de vecinos de Mazuecos, Brea o Almonacid. Aunque más claro es el caso de las 15 deudas debidas en Pastrana a Jacó y Simuel Françés, por el arrendamiento de la alcabala que ambos detentaban y que oscilaban entre un real y 1.000 mrs. En total, el número de deudas ascendía sólo en Pastrana a 16 con un montante total de 4.170 maravedíes.