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jueves, 12 de febrero de 2015

Judíos del Valle del Jarama (II): La Aljama de Torrelaguna

El posible orígen de la actual población de Torrelaguna está en la creación de una aldea independiente de la villa de Uceda, cuando ciudadanos de dicha población se establecen para aprovechar las fértiles vegas al pie de las sierras. Al igual que en el resto de la comarca, se han podido encontrar en su término municipal restos ibéros, aunque posiblemente su núcleo originario se iniciara, al igual que en localidades cercanas como Talamanca, Uceda o Buitrago, bajo dominación romana.

Aunque no hay demasiada información durante la época visigoda, si que durante el periodo musulmán, Torrelaguna adquiere cierta importancia, y ya crónicas de la época indican la existencia de hasta siete barrios.

Arquitectura Popular. Calle del Hospital.
Tras la conquista de Toledo en 1085 y la dominación cristiana del territorio al norte del río Tajo, se inicia en la comarca un periodo de relativa calma. Años más tarde, el arzobispo de Toledo, Pedro Tenorio, solicita al Rey Juan I de Castilla la separación de Torrelaguna de Uceda, como recompensa por los esfuerzos que los vecinos realizaron en la construcción de la muralla y en el acopio de armas para su defensa frente a los ataques de las tropas musulmanas. La concesión del título de Villa Libre o burgo en 1390, sumado a la concesión de un mercado, supuso para Torrelaguna el inicio de su periodo de prosperidad. Junto a estos privilegios, otros como la protección frente al paso del ganado de la Mesta y exenciones fiscales, aseguraron a los reyes el apoyo de Torrelaguna.

Pero sin duda el momento que marcaría la historia de Torrelaguna social y urbanísticamente se produciría entre finales del s. XV y principios del XVI, coincidiendo con la época de poder del Cardenal Cisneros, que nacería en esta localidad hacia 1436, y con él, la llegada al pueblo de familias ilustres.

Vista de la Torre de la Montera y de la Puerta del Berrueco.
Hasta el siglo XV son bastantes escasas las noticias que se refieren a los judíos de Torrelaguna, y casi todas las que nos han llegado han sido a través de los repartimientos fiscales o de procesos inquisitoriales. Posiblemente los principales oficios que ocuparon los ciudadanos judíos en Torrelaguna estuvieran más relacionados con el comercio y actividades mercantiles, la relación de éstos con el concejo de la Mesta y con  otras profesiones artesanales, descartándose las labores agrícolas, aunque es posible que algunos judíos de la villa trabajasen en los importantes viñedos y huertas que rodeaban a la villa, ya que hay noticias de judíos vecinos de la localidad que poseían viñedos. Es curioso, pese a esto, que sólo haya una crónica de un judío, Ysaque de Bilhorado, que lo relacione con tareas mercantiles.

La práctica de la medicina, actividad típica de la población judía durante la edad media, fue una de las que más relevancia tuvo entre la comunidad judía de Torrelaguna. De hecho, se tiene constancia que con el decreto de expulsión general de 1492, la villa de Torrelaguna se quedó sin, al menos, dos de los cinco médicos que había. Rabí Abraham Qalama y Rabí Levy, que salieron del reino en 1492, regresando más tarde convertidos al cristianismo con los nombres de maestre Enrique y maestre Alonso respectivamente.

Calle de La Montera.
Se tiene además noticia, en relación con la posesión de tierras de cultivo, que el médico Rabí Ley, quien cuando volvió convertido, reclama ciertas viñas que había vendido al marcharse. También la conversa Ynes Elias, mujer del maestre Enrique (o Rabí Abraham Qalama) reclama las «casas e viñas e tierras» que había vendido cuando salió del reino.

Según se desprende de los repartimientos fiscales para la población judía, los judíos de Torrelaguna constuyeron jurídicamente una Aljama. En dichos repartimientos, los judíos de Torrelaguna contribuyeron asi:

1464 - 800 mrs
1472 - 1.000 nirs.
1474 - 1.000 mrs.
1479 - 800 mrs.
1482 - 800 mrs.
1488 - 24.626 mrs
1491 - 24.450 mrs.

A diferencia del resto de la comarca, la comunidad judía de Torrelaguna si tuvo una organización o concejo con autonomía jurídica y religiosa y que administraría su organización interna, teniendo a su cargo una sinagoga, una carnicería e incluso un cementerio.

Sorprende que pese a ser escasa  la documentación sobre la Aljama Torrelagunense, haya llegado a nuestros días documentos que constatatan la existencia de hasta nueve rabíes, lo que nos indica la gran importancia social y religiosa de la Aljama de Torrelaguna dentro de la comarca. Los nombres de los rabíes de Torrelaguna que han llegado en las crónicas hasta nuestros días eran, además de los cinco médicos ya mencionados, Rabí Caqon, Rabí Lezar, Rabí Mose y Rabí Yuçe afatel.

La existencia de la Sinagoga de la Aljama de Torrelaguna ha quedado documentada a través del proceso inquisitorial contra Fernando de Madrid, vecino de Torrelaguna, donde el fiscal inquisitorial acusa al procesado de que “enhiava e enbio azeite a la xinoga, por la devoqion e creengion que en ella tenya”.

Plaza de la Paz. A la derecha, actual Casa de la Cultura, Antiguo Hospital de la Santísima Trinidad.
Se considera que el solar donde se ubicó antiguo Hospital de la SantísimaTrinidad fue en el siglo X mezquita bajo el dominio musulmán, y sinagoga tras la reconquista cristiana en el siglo XI y que pasó a hospital después de la expulsión de los judíos en el siglo XV. Este uso se mantuvo con algunas interrupciones hasta 1967, año en que se cerró como hospital y quedó abandonado hasta que, a finales del siglo XX, el Ayuntamiento lo transforma en Casa de la Cultura y Oficina de Turismo. Hay previsto realizar un estudio arqueológico y excavación que confirmarán si en verdad en este solar se  levantó una sinagoga judía,

A través del mismo proceso inquisitorial comentado antes, queda confirmada la existencia también de una carnicería, ya que en dicho proceso aparece entre los testigos del fiscal un “Jaco de Bilhorado, carnigero, vesino de Tordelagun”, que con mucha probabilidad era el encargado de proveer a la Aljama de Torrelaguna de este servicio.

Es de suponer, aunque esto ya no está ni documentado ni se han encontrado restos arqueológicos, que Torrelaguna debía contar con cementerio judío, ubicado extramuros de la villa. Se conoce por crónicas de la época que entre 1474 y 1492, la aljama de Torrelaguna contaría con unos 306 habitantes judíos, es decir aproximadamente un poco más del 10% de los habitantes totales de la villa, lo que hace inevitable que los enterramientos se realizaran en tierras colindantes a la villa.

 Vistas de la Calle de la Santísima Trinidad.

Como en el caso de Uceda y del resto de juderías y aljamas al norte del Tajo, tampoco la Aljama de Torrelaguna parece que sufrió demasiado durante las persecuciones de 1391, pero no se puede confirmar ya que tampoco hay noticias o crónicas de la época al respecto.

De lo que sí hay noticias es que a raíz de la Carta de apartamiento de los judíos y moros que establecía que en un plazo máximo de dos años todos los moros y judíos debían quedar apartados en barrios aislados, para que no pudieran hacer proselitismo entre la población cristiana, dada en las Cortes de Toledo de 1480, la comunidad judía de Torrelaguna si que tuvo que ubicarse extramuros, ya que en el proceso inquisitorial contra Fernando de Madrid, ya citado, acusa al judío Ysaque Fandan, vecino de Torrelaguna, y dice que se sospecha de él “porque syenpre quiso mal al dicho defunto, por que antes del apartamiento de los judíos morava este falso testigo pared en medio del dicho defunto, e hizo un grande agujero en un tabyque el dicho Fandari...”

Aunque no hay documentos suficientes que confirmen donde se ubicaba la judería antes del apartamiento, si que si la Sinagoga estuvo donde más tarde se ubicó el Antiguo Hospital de la Santísima Trinidad, podemos pensar que la Aljama de Torrelaguna pudiera ubicarse alrededor.

Así, posiblemente, la aljama se articuló intramuros, al sureste de la villa, entre las actuales calles de Burgos, Santísima Trinidad, Calle del Hospital, Plaza del Cardenal Cisneros y Calle Montera, formando una composición urbanística cerrada. Recordemos que tras el decreto de expulsión, la mayoría de las calles cambiaron sus nombres a referencias cristianas. 

Vistas del Arco del Cristo y la Calle de Burgos.

Interesante es que la plaza a la que se accede saliendo de la judería por la Puerta del Cristo, tenga el nombre de Plaza del Matadero, con lo cual, y sabiendo que la Aljama de Torrelaguna tenía carnicería, deba su nombre a que aquí se encontraba la carnicería de la comunidad judía, que como bien se sabe, estaba siempre cerca de la judería pero lo más cercana a alguna corriente fluvial para eliminar la sangre y los despojos de los sacrificios que allí se realizaban.

Vista de la Plaza del Matadero.
Es posible que, tras el decreto de apartamiento, los judíos pasaran a vivir al arrabal extramuros, al otro lado del arroyo, pero de esto no hay documentos que lo atestigüen.

Como dato curioso pero sin corroboración documental, hay un comentario popular que cuenta que los varones judíos de Torrelaguna tenían por costumbre casarse con doncellas de Cobeña.



[1]  Judíos y conversos de Torrelaguna (madrid) en tiempos de la expulsión. Enrique Cantera Montenegro. Universidad de Madrid.
[2] Judios de Torrelaguna a finales del S.XV. Enrique Cantera Montenegro
Anales de estudios madrileños, tomo XVIII.
[3]  Judíos de Torrelaguna: Retorno de algunos expulsados entre 1493 y 1495. Luís Suárez Fernández. Revista Sefarad, XXXIX (1979), págs. 333-346.
[4] Los judíos de Madrid en el siglo XV: Las Minutas de los escribanos. Gonzalo Viñuales Ferreiro. Espacio, tiempo y forma, Serie III, Hª Medieval, t. 15, 2002, págs. 287-305.
[5] Las ciudades castellanas y sus juderías.  Fernando Suárez Bilbao
[6] Judaizantes del arzobispado de Toledo habilitados por la inquisición en 1495. Francisco Cantero Burgos y Pilar León Tello. Universidad Complutense de Madrid, 1969.

miércoles, 11 de febrero de 2015

Judíos en el Valle del Jarama: La Judería de Uceda

Vista del Ayuntamiento de Uceda. Parte de la antigua Cartuja. Plaza Mayor.
Asomada a la cornisa del alto valle del río Jarama, se encuentra la localidad que daría durante un amplio periodo tiempo en la edad media, nombre a las tierras que la circundaban; La villa de Uceda, ahora población reducida, fue junto a la cercana Torrelaguna, una de las poblaciones más importantes de este extremo de la campiña alcarreña. Y es que la historia de esta villa estará siempre condicionada por su  localización geográfica.

Con restos del Paleolítico, de la edad de bronce y de un pequeño segmento de una calzada romana a los pies de la villa, en la llamada cuesta de la  Varga (nombre posiblemente de origen celtíbero de la voz “berg”, altura), se confirma que la villa ya tuvo pobladores por ser un lugar con un amplio control sobre el alto valle del Jarama. De hecho, el mismo topónimo de la villa parece provenir, según algunos historiadores, de la antigua ciudad romana “Vescelia” o “Uscelia”, conquistada por las tropas romanas hacia el 190 a.c. ya que este lugar poseía cierto valor estratégico.

Restos del Castillo de Uceda.
Bajo dominio visigodo, la zona no resalta significativamente, siendo rápidamente conquistada por los musulmanes cuando entran en la Península Ibérica en el 714. Sin embargo, éstos si se interesan de nuevo por su posición, y construyen una fortificación y unas murallas hacia el S. IX., hoy prácticamente desaparecidos y de los que tan sólo quedan vestigios mal conservados. El castillo, al ser inexpugnable por sus lados norte y oeste, que dan al  valle del Jarama y quedando unido al pueblo sólo al este, fue una plaza de difícil conquista por parte de las tropas cristianas durante el avance de los reinos cristianos hacia el sur.

La primera referencia de Uceda aparece hacia el 1040, cuando Fernando I de León conquista su fortaleza cuando lucha contra las tropas musulmanas de otra plaza fortificada como fue Buitrago de Lozoya

Hay autores que afirman que el nombre de la villa de Uceda proviene de Iudea (Judea), debido a la gran cantidad de judíos que vivían en esta localidad durante esta época alto medieval, aunque de momento no está del todo corroborado. Julio Caro Baroja en su libro “Los judíos en la España moderna y contemporánea”, Vol.3, indica que a los naturales de Uceda y de poblaciones cercanas dependientes de esta localidad, se les apoda “judíos”. De hecho hay un pequeño soneto que dice:

Si vas al Cubillo, lleva pan en el Bolsillo.
En Uceda son judíos, las campanas lo declaran,
En el Cubillo tramposos, porque deben y no pagan”.

Lo que sí confirma es que durante mucho tiempo, la población judía fue abundante en la villa de Uceda.

Tras la toma de Alfonso VI de Toledo hacia el 1085, Uceda pasa definitivamente a manos cristianas, y por su posición estratégica, bajo poder directo de los Reyes de Castilla, otorgándoles éstos fuero propio y un amplio control sobre el territorio de la Comunidad de Villa yTierra de Uceda.


La presencia judía en Uceda queda registrada en el Padrón de Huete. De las dieciséis aljamas y juderías que se registran en el espacio al sur del Sistema Central, la judería de Uceda no sobresale como  importante, aunque sí, tal como aclararía Carlos Carrete Parrondo en su obra  «El repartimiento de Huete de 1290», a lo largo de la baja edad media iría adquiriendo mayor importancia, junto a las de Alcalá de Henares, Buitrago o Zorita.

Considerada como Judería menor, es decir, sin rango de Aljama, tributó unos 2.841 maravedíes dando, según palabras de González en su libro “Repoblación de Castilla" , hasta 200 hebreos.

Posiblemente, al igual que en otras partes de Castilla, los judíos de Uceda tenían como principal profesión la del comercio; el tránsito entre uno y otro lado de la Sierra Somosierra, y las vías entre Buitrago e Hita hiceron de uceda un centro un importante de transacciones donde numerosos comerciantes judíos pudieron ubicarse. 

Durante los ataques antijudíos que se produjeron a lo largo de la península en 1391, parece que la judería de Uceda se mantuvo relativamente tranquila, como indica  Gonzalo Viñuales Ferreiro en su trabajo “El pogrom de 1391 en la diócesis de Toledo. ¿Legitimidad, identidad y violencia en la castilla de la baja edad media?“ [3],  debido a la protección que le procuró la Casa del Infantado, ya que Uceda estuvo bajo proteccion de Los Mendoza durante el siglo XIV y XV, como el resto de la provincia de Guadalajara.

Hacia los años 1463 y 1464, Uceda, junto con Alcalá de Henares, Torrelaguna, Talamanca y Mondéjar, tributaban del orden de 800 a 1200 maravedíes y Madoz estima que en el S. XVI, la villa contaría con 500 vecinos, es decir, 2.500 almas. Y hacia el 1474, en el repartimiento realizado por el por Rabí Jacob Aben-Núñez, juez mayor de los judíos y médico del rey  Enrique IV, Uceda contribuye con 800 maravedíes (Amador de los Ríos, Historia, tomo III, pág. 599 y 600). Por lo que todo indica que hacia finales del S. XV la población judía en Uceda habría aumentado considerablemente.

«El aljama de los judíos de Tordelaguna, é sin los judíos de Uceda é Talamanca, mil maravedís. El aljama de los judíos de Uceda, ochocientos maravedís. Los judíos de Talamanca é de Algete, setecientos maravedís. El aljama de los judíos de Buitrago, tres mil é trescientos maravedís. El aljama de los judíos de Alcalá de Henares, sin los judíos que moran en Cobeña, cinco mil maravedís. Los judíos que moran en Cobeña, quinientos maravedís. Los judíos que moran en Madrid, con los judíos que moran en Ciempozuelos, é en Pinto, é en Barajas é en Torrejón de Velasco, mil é doscientos maravedís.»

Llegado el año 1492, los judíos de Uceda y de la Tierra de Uceda se ven forzados o a marcharse del reino de Castilla o convertirse. La mayoría huirían hacia Portugal, aunque muchos otros, tal como lo confirman en los numerosos procesos inquisitoriales de los años siguientes, preferirán la coversión.

En el proceso inquisitorial seguido contra Francisco de Murcia, converso, vecino de Uceda, aparece como testigo de abono un Francisco Pérez, escribano, vecino de Torrelaguna, de unos cuarenta y ocho años, que «no sabe dónde se volvió chistiano porque era chico». Su padre, madre y hermanos se habían bautizado en Torrelaguna, «el mismo año que tos judíos fueron echados de Castilla».

En otro proceso, este contra Diego de Acosta, otro vecino de Uceda, figura: mujer de Sebastián de la Vega, vecino de Uceda, que tenía un hermano en Torrelaguna «christiano nuevo de judio» y que en 1492, «su madre fue con ellos a Cartagena para desde allí salir fuera de España, pero allí se bautizaron todos».

También hay documentado el hecho de que un judío de la villa de Uceda y que huyó de la persecución de la Inquisición, tenía en propiedad más de 300 mulas, comerciaba directamente con portugueses, y hacia Portugal huyó desde la zona.

Por último, hay que resaltar que una de las figuras más veneradas de Madrid, SantaMaría de la Cabeza, María Toribia, fue oriunda de Caraquiz, (otros autores la localizan en la cercana villa de Cobeña) y de origen judeoconverso a finales del siglo XI o principios del XII. Parece que sus primeros años vivió en Uceda hasta la muerte de sus padres, en la que se trasladaría a Torrelaguna a vivir con unos parientes.

Zona donde se ubicó en la edad media el entramado urbanístico intramuros de Uceda.
En cuanto a la localización de la población judía en Uceda, no hay o, de momento, no se han encontrado restos arqueológicos que den pie a localizarla. Tampoco hay constancia de sinagoga o carnicería que diesen servicio a la comunidad. Es posible que la comunidad habitara el arrabal de la villa, es decir, viviera extramuros durante la baja edad media, lo que hoy en día ha dado lugar al entramado urbanístico de la villa.

Calle de San Juan. Zona del Arrabal y actual zona urbana de Uceda.
 

Bibliografía:

[1] Las juderías medievales en la provincia de Guadalajara. Francisco Cantera y Burgos, Carlos Carrete Parrondo
Sefarad: Revista de Estudios Hebraicos y Sefardíes, ISSN 0037-0894, Año 33, Nº. 1, 1973 , págs. 3-44
[2] La Inquisición de Torquemada. Secretos íntimos / Isidore Loeb, H. Graetz, Fidel Fita
[3] El pogrom de 1391 en la diócesis de Toledo. ¿legitimidad, identidad y violencia en la castilla de la baja edad media? Gonzalo Viñuales Ferreiro. Universidad Rey Juan Carlos

[4] Judíos y conversos de Torretaguna (Madrid) en tiempos de la expulsión. Enrique Cantera Montenegro. Universidad de Madrid.
[5] «El repartimiento de Huete de 1290», en Sefarad, XXXVI, (1976), p. 127. Carlos CARRETE PARRONDO
[6] “Los judíos en la España moderna y contemporánea”, Vol.3 Julio Caro Baroja en su libro
[7] Gentilicios españoles. Tomás de la Torre Aparicio y José de la Torre
[8] Santa María de la Cabeza, única santa nacida en la provincia de Guadalajara (Carquiz, Uceda), de origen judeoconverso. Teresa Díaz Díaz

domingo, 28 de abril de 2013

La Aljama de Soria: El Museo Numantino

En la actualidad en el Monasterio de San Juan de Duero, sede de la Sección Medieval del Museo Numantino, que ya por sí sólo merece una visita obligatoria por tener uno de los claustros más sorprendentes y bellos de todo el románico castellano, se exponen varias piezas de la comunidad judía, no sólo de la ciudad, sino también de la provincia de Soria.




Entre ellas, se destaca la mitad de la lápida de la tumba de Abraham Satabi, de piedra arenisca, datada entre los siglos XIII al XIV y que procede del cementerio judío de Soria. Dicha lápida es similar a otros modelos de tumbas cristianas de la época, con planta trapezoidal y cuyo grosor va disminuyendo de la zona superior (cabeza) a la inferior (pies) por lo que las letras de inscripción que se lee van disminiyendo de tamaño del inicio al final de ésta.


Esta lápìda constituye una rareza por los elementos decorativos distintos en cada una de las caras y contiene una inscripción, en epigrafía hebraica-hispánica, donde se lee:

«En aquel momento la visión cesó […] / al morir un sabio, un
hombre […] / […] un rabí lleno de […] / […] Abraham Satabi».



Otras piezas que se exponen en esta sede del Museo Numantino proceden de la necrópolis del Cerro de los Judíos en Deza (Soria) frutos de la excavación que se llevó a cabo en 1933. Entre dichas piezas, datadas entre los siglos XII al XIII, se pueden resaltar varios anillos de plata decorados o con inscripciones y varios conjuntos de cuentas de collares.




 

martes, 26 de febrero de 2013

La Aljama de Caracena

Hoy Caracena, la que antaño fue villa principal de la tierra de su mismo nombre (cabeza de más de una veintena de aldeas), se encuentra semiabandonada, aunque aún se pueden percibir los abundantes signos de su esplendor medieval, como son sus dos iglesias (de San Pedro y de Santa María o Virgen del Casado), la cárcel, la plaza mayor, su trazado urbano o su Castillo


La zona de la Villa de Caracena, entre dos barrancos, el del río Caracena y el Adante, formados durante miles de años en estas agrestes tierras, fue habitada desde al menos la edad de bronce (1500-1200 a.c.), como lo atestigua el yacimiento de Los Tolmos, el más representativo de la provincia de Soria. 




En él se descubrieron tumbas antropomórficas rupestres, sepulturas en hoyos de inhumación y objetos como hachas, puntas de flecha o fragmentos de cerámica campaniforme. También estas tierras fueron escenario de las guerras celtíberas, donde los arévacos se enfrentaron a las legiones del cónsul Pompeyo en 141 a.c. No hay, sin embargo, constancia de asentamiento alguno durante la dominación romana, aunque como enclave en el camino entre Tiermes y Uxama, pudo haber tenido cierta importancia para el control de la vía.

La importancia de Caracena llegaría, como el resto de tierras sorianas, por encontrarse durante los siglos X y XI en la marca fronteriza entre los reinos cristianos y los musulmanes. Es durante estos siglos cuando se construye su castillo. En sus inmediaciones tendría lugar una de las más cruentas batallas entre musulmanes y cristianos, la batalla de Alhandega, en la que una emboscada en los cañones y barrancos de la sierra de Pela, de los ejércitos cristianos a los de Abderramán, darían la victoria a estos primeros y causaría una gran pérdida al califato de Córdoba.

Durante el siglo XI y alejada ya la frontera hacia el Tajo, se concedieron fueros reales y determinados privilegios a aquellas gentes que acudieran a poblar la zona de las Comunidades de Villa y Tierra de la Extremadura Castellana, entre las que se encontraba  Caracena. 



Tanto Fernando I de León como su hijo Alfonso VI, consideraron Caracena como una plaza prioritaria de repoblación. Surge así la Comunidad de Villa y Tierra de Caracena. En 1113 ya estaba totalmente estructurada y según el censo del año 1594, la villa estaba constituida por diecinueve pueblos o aldeas y trece despoblados.

A finales del siglo XIV es entregada a la familia Tovar, que la mantiene en su poder hasta la guerra de sucesión de finales del siglo XV. Los Reyes Católicos confiscarían la villa y la entregarían junto con sus aldeas a Alfonso Carrillo de Acuña II, sobrino del famoso arzobispo de Toledo. Una de las primeras medidas de Carrillo será reconstruir el castillo de Caracena. 




La presencia judía en Caracena no se hace patente hasta bien entrado el siglo XV, donde se aprecia, a diferencia de siglos anteriores, como los impuestos pagados por la comunidad van creciendo año tras año, lo que nos indica que a diferencia de otras poblaciones castellanas, la villa fue repoblándose de judíos. Sin embargo, a día de hoy, sólo estos datos contables y los expedientes inquisitoriales de 1498 archivados en Cuenca nos indican algo sobre la aljama de Caracena.
De estos expedientes inquisitoriales destaca la mención de una sinagoga, aunque en ningún documento llega a indicarse su ubicación. La tradición popular sitúa en el llamado “Arrabal de Gormaz”, al norte de la población, la aljama. Esta zona urbana, hoy en día desaparecida y que forma parte de las llamadas eras del pueblo, antaño tendría la misma configuración medieval que tiene el resto de la villa. 




Se trata de una distribución de calles estrechas y que se adaptan a las irregularidades del terreno, que confluirían de manera radial en la Plaza mayor. Por la situación de la iglesia de la Virgen del Casado, se ha pensado que pudo ser la sinagoga que se menciona en los expedientes inquisitoriales, aunque por sus características románicas y su riqueza en elementos visigóticos y mudéjares podría descartarse rápidamente esta idea según el historiador Juan Gaya Nuño.

 
Ver La judería de Caracena en un mapa más grande

Bibliografía:
[1] Judíos y judaizantes de Caracena. Ricardo Muñoz Solla. Revista El Olivo, nº 53. Universidad de Salamanca
[2] Los repartimientos del. «servicio y medio servicio» de los judíos de Castilla de 1484,1485,1490 y 1491. Gonzalo Viñuales Fereriro. Uned, Madrid.
[3] Censo de población de las provincias y partidos de la Corona de Castilla en el Siglo XVI. Tomás González (1829).
[4] Del Pasado Judío en Los Reinos Medievales Hispánicos: Afinidad y Distanciamiento. Yolanda Moreno. Colección Humanidades
 

miércoles, 2 de enero de 2013

La Aljama de Zorita de los Canes

Hablar de judíos en Zorita de los Canes es hablar de su castillo, y hablar de su castillo es hablar de la Orden de Calatrava, de los fueros concedidos a la villa por Alfonso VIII y por la repoblación de la zona.
Con la frase “Zorita es fuerte porque está hecha con piedras de Recópolis”, Al-Rasis, describió como la fortaleza deZorita se construyó durante el siglo IX utilizando como cantera la vieja ciudad visigoda de Recópolis. Y es que Zorita cumplía un importante papel como enclave defensivo y punto estratégico sobre el valle del Tajo y sobre esta zona de la Alcarria que se convirtió durante buena parte de la edad media, en tierra fronteriza, desplegándose en sus tierra la “marca media” como parte de las defensas árabes. Para reforzar estas defensas, los musulmanes habían cuidado también asegurar la retaguardia con núcleos como fue Madinat Zorita que se convirtió en una importante plaza por su lugar estratégico que  incluso llegó a ser capital de uno de los distritos administrativos de Al-Andalus. 


El Castillo de Zorita se encuentra situado sobre un cerro rocoso y rodeado por el río Tajo a un lado y por el arroyo Badujo al otro, convierto este lugar en una posición estratégica vital para la vigilancia y control de comunicaciones a través del único puente que cruzaba el Tajo, de los tres, por los que solo estaba permitido atravesar las mercancías y pagar los pontazgos debidos al Rey de Castilla (Zorita, Alarilla y Toledo), y que, por tanto, aseguraba ser el paso obligado entre la cabecera del Tajo y la zona meridional de la Alcarria, así como ser la puerta de entrada al acceso desde el noreste hasta Toledo.
La alcazaba de Zorita no fue nunca conquistada ni por asalto ni por asedio, si no que fue cambiando de manos mediante de pactos. Con la desintegración del Califato (1031) y el surgimiento de los primeros reinos de Taifas, Zorita pasó a pertenecer al reino de taifa de Toledo que en 1085 cae en manos del rey de Castilla, Alfonso VI; en este año Zorita y su fortaleza pasan a tener cierta relevancia en el avance hacia Cuenca, siendo entregada esta plaza a Alvar Fañez de Minaya, el lugarteniente de Rodrigo Díaz de Vivar, El Cid. Sería en este periodo en el que se comenzaría la repoblación de la Alcarria, aunque sólo donde existían ya núcleos urbanos. Este proceso de por sí lento, y fue frenado durante años e incluso en ocasiones destruido, por la invasión almorávide.



Tras un traspaso de la fortaleza a manos musulmanas, sería Alfonso VII quien la recuperaría de nuevo, y sería su hijo, Alfonso VIII quien donaría la fortaleza, así como la villa, y tierras colindantes como Pastrana, a la Orden de Calatrava,  con el objetivo de defender el paso por el río Tajo de las nuevas oleadas y razias de invasores musulmanes, los Almohades, que hacía poco estaban arrasando con los reinos cristianos de la península. Cuando a finales del siglo XII y comienzos del XIII las tribus almorávides se deshicieron, el Castillo de Zorita pasó a ser el centro y sede de la Orden. Los calatravos ejecutan las obras arquitectónicas más relevantes del castillo entre los siglos XIII y XIV. En el interior del recinto se edifica la iglesia románica de San Benito, se refuerzan murallas y accesos, se construyeron almacenes, aljibes, almazaras, así como las habitaciones destinadas a albergar a los monjes calatravos, haciendo de Zorita el castillo más importante de la Alcarria.


Alfonso VI ya concede a la villa en 1133 un fuero que contiene disposiciones favorables a "moros y judíos" equiparándoles en cierto modo con los cristianos Con el control de la Orden de Calatrava, Zorita no sólo se convierte en la cabeza de la gran Encomienda, sino que además se designa  como concejo libre y de realengo por lo que se repuebla con castellanos del norte, mozárabes y judíos, amparados todos ellos bajo las normas de un Fuero común. La Orden de Calatrava cambia radicalmente la organización territorial, haciendo aparecer nuevas prácticas económicas y lo más importante, consiguiendo un nuevo fuero del rey Alfonso VIII el 8 de abril de 1180 para poblar el territorio y dotarlo de un ordenamiento jurídico.

Los judíos que vinieren a poblar Zorita tales fueros, e tales calonnas ayan quales han los otros pobladores christianos” (En el Fuero de Zorita de los Canes, según el códice 217 de la Biblioteca Nacional, Siglo XIII al XIV, y sus relaciones con el Fuero Latino de Cuenca y romanceado de Alcázar).

Es este fuero el que evidencia la existencia de población judía, al menos, desde el 1180, ya que ayudaría sin duda al aumento de la población judía, aunque más relevante políticamente fue la concesión entre 1.220 y 1.225, por parte del Rey Fernando III, del denominado Fuero Grande de Zorita inspirado en el de Cuenca, en el que se tratan los aspectos más relevantes en la vida económica, social y política y en el que se llega a admitir la práctica de juicios mixtos con jueces de ambas culturas para dirimir pleitos entre cristianos y judíos.


 

De todas maneras, no se ha podido establecer hasta el momento el inicio de la presencia de comunidad judía en esta localidad, aunque, debido fundamentalmente a esa importancia comercial que ya tuvo durante la alta edad media, y que también fuera una plaza durante época musulmana, puede ser que ya se hubiera permitido el establecimiento de familias y mercaderes judíos en el municipio. 




En un documento sobre los territorios de la Corona de Castilla en 1215 se cita ya la Aljama de Zorita (de los Canes), y que esta se situaba en el interior de la fortificación de la villa, ya que  durante la alta edad media fue costumbre que la judería estuviese incluida dentro o colindante a de las fortificaciones del castillo de las ciudades  (Memorial Histórico Español, XLIII, 1905, p. 117).  Aunque nada queda de ella, según la descripción de más abajo, la parte de la judería parece corresponder a la explanada aneja al castillo y separada de éste por un foso que está al norte de la fortaleza. Y es que en documentos que describían la fortaleza de Zorita de los canes, indicaban que:
“ay una puerta que se dice la puerta del pozo, porque por esta puerta habia un pozo de hasta tres ó quatro estados de hondo por donde pasaba á la judería, y dentro en la judería ay una concavidad pequeña á modo de mezquita y en ella pintadas muchas cosas que no se pueden determinar que son dentro, y dentro de esta judería hay un gran patio de tierra, y todo cercado de sus murallas, y almenas, y á la parte del Castillo dentro en esta judería, ay una cava hecha de peña picada que tendrá de hondo como dos estados, y dentro de esta cava ay una rondilla que vuelve á encima de la puerta del pozo, y encima de ella ay sus almenas, y son defensa, y al cabo de abajo de esta puerta del pozo, acia oriente, ay una puerta que se dice la puente levadiza, para salir fuera de las cabas de la fortaleza…”

Por tanto, dentro de un recinto amurallado, aunque no el que se aprecia en la actualidad, se encontraba la judería de Zorita, en la parte más septentrional de la colina donde se sitúa esta, y que incluso una de las torres de la muralla de la fortaleza llevaba el nombre de Torre de la Judería.



Poco a poco, la Orden de Calatrava irá perdiendo influencia en la Villa y Tierra de Zorita, muy especialmente, tras la derrota infringida por los portugueses a las tropas castellanas en 1.385, en la Batalla de Aljubarrota, en la que murieron todos los soldados enviados desde esa encomienda, excepto uno. La población de Zorita quedó diezmada, contando entonces con tan sólo 25 familias. La escasez de varones y los pocos impuestos que se recaudaban debido al alto número de nobles, hidalgos, judíos y mercaderes exentos todos ellos de gravámenes, marcaron el inexorable declive de Zorita en favor de aldeas como Almonacid, que fue fortificada a lo largo del Siglo XIV, o Pastrana que fue entonces cuando comenzó a ser amurallada. Dos años más tarde, a Pastrana le fue concedido el cambio del día de Feria del sábado al miércoles, dando acceso a todas las transacciones comerciales a la población judía, y la exención de impuestos a los mercaderes que a ella acudieran, por lo que es de prever que fuera esto la desaparición de la aljama. A lo largo del Siglo XV la Orden fue distribuyendo entre estas dos poblaciones las funciones administrativas del Partido de Zorita, residiendo, finalmente, el Comendador calatravo en Pastrana abandonando el Castillo. En el siglo XV una riada se llevó el puente, y entonces dandose el golpe de gracia a la villa. A lo largo del siglo XV el Castillo de Zorita se convirtierte en un castillo-arsenal, custodiando únicamente armas de fuego, de propulsión, armaduras, munición y diverso utillaje para la conservación y fabricación de las mismas. En el siglo XVI se acometerá la última obra estructural del castillo, la torre del Espolón, conjunto preparado para soportar fuego artillero, adaptándose a nuevas necesidades militares en el contexto de la Guerra de las Comunidades contra Carlos V (1520-1523).

Bibliografia:
[1] Monumentos de Castilla-La Mancha Castillo de Zorita de los Canes. Gobierno de Castilla - La Mancha
[2] La aljama hebrea de Zorita. Privilegio inédito que le otorgó el Rey D. Enrique I en 20 de diciembre de 1215. Boletín de la Real Academia de la Historia, tomo 40 (1902), pp. 165-169.