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domingo, 6 de octubre de 2013

Juderías del Valle del Tiétar (III): Mombeltrán (Colmenar de Arenas)

Mombeltrán o Colmenar de Arenas como se denominaba antes de la derogación de los privilegios de la villa en 1728, es en la actualidad la localidad cabecera del llamado Barranco de las Cinco Villas y tuvo el privilegio de contar con la mayor población judía del Valle Tiétar abulense. 


Aunque se sabe que esta zona del valle del Tiétar estuvo habitado desde la Edad de Hierro por los vetones, en el Barranco no se han encontrado restos importantes. No es hasta época romana en la que se aprecian los primeros asentamientos cercanos a arroyos y promontorios.  No se tienen noticias de esta zona hasta que en el 1085 las tropas cristianas conquistan la ciudad de Toledo y la frontera entre los reinos de Taifas y los reinos castellanos está ya por debajo de la marca del Tajo. La zona de Gredos, y en especial el valle del Tiétar y el Barranco, se convierte en un lugar donde se sucederían batallas y escaramuzas entre un bando y otro. 
Cuando en 1181 Alfonso VIII lleva los límites del concejo de Ávila hasta más allá de los cauces del Alberche y el Tiétar y deja la zona del Barranco finalmente bajo el dominio cristiano, se produce la repoblación de la zona, en la que probablemente empieza a asentarse los primero judíos.

Parece que en 1210 ya se recoge en un documento el nombre del Colmenar, en el que se da prueba de la existencia de un núcleo de población, con una cierta organización del territorio señorial y en el que parece sugerirse que llevaba años poblado. Finalmente, la zona, y en especial Colmenar de Arenes, adquieren importancia a partir de la segunda mitad del siglo XIII y durante todo el siglo XIV, gracias al desarrollo de la trashumancia, ya que esta zona es un lugar de paso obligado que comunica las dehesas de Extremadura y La Mancha y las sierras del norte. 
Precisamente son los ingresos del impuesto de montazgo, el tributo pagado por el paso del ganado, los que despertarán el interés de la nobleza castellana por estos territorios, lo que impulsará la concesión de las cartas de villazgo o privilegio de villa y la independencia del concejo de Ávila de aldeas como El Colmenar.
Por estas razones, en 1393 Enrique III concede el privilegio de villas a las aldeas de Candeleda, Arenas y La Adrada, y a Mombeltrán se le concede una feria y mercado para “que se pueble y haga mejor”


Mientras que a los demás pueblos se les deja libre la elección del día de la celebración, a Mombeltrán se le fija en sábado, por lo que por ser de descanso religioso la comunidad judía, estos no acudían a comerciar. No es hasta 1465 cuando el mercado es trasladado por orden de Enrique IV y se otorga “un mercado franco cada jueves, quizás por el importante peso en la economía local que tenía la comunidad hebrea.

Al ser entregada en 1461 la villa a Don Beltrán de la Cueva, el rey la otorga “con todos los vasallos así cristianos como moros e judíos que agora ahí viven e moran e vivieren moraren de aquí en adelante en dicha villa de Colmenar e su tierra”. Con el señorío y protección de Don Beltrán de la Cueva la judería aumenta notablemente, según se concluye por el aumento de los repartimientos tributados por la comunidad judía hasta la fecha de la expulsión.  


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En 1464 a la judería de Colmenar de Arenas se la concede el título de aljama, lo que pone en relieve su importancia e influencia económica en la zona. Desgraciadamente hasta el día de hoy no hay noticias de en donde se pudieron localizar donde estuvieron lugares importantes para la comunidad judía como su sinagoga o su carnicería. En 1474 se iguala con La Adrada en población y tributos, superándola rápidamente hasta 1492.
Según la tradición popular, pues no hay documentación que lo acredite, el barrio judío se situó en torno a la Plaza de la Corredera, con el fin de aprovechar el mercado que allí se celebraba. En Mombeltrán los judíos negociaron con paños y sedas. Además, se ocupaban del cobro de derechos reales. En 1476 se conoce por documentos de la villa que estaban encargados de cobrar el arancel del paso de mercancías por el pueblo dos cristianos junto con el judío Yuça Mamón. También se encargaban de cobrar el portazgo del puerto del Pico y el montazgo de Ramacastañas, muy rentables y deseados por encontrarse en cañada real.
Asimismo se dedicaron al cultivo del viñedo como lo demuestran los bienes que se ven obligados a enajenar en los días de la marcha, como viñas y bodegas, y también por el documento en el que se relata el suceso de condena de Symuel Fartalón en 1486, natural de Colmenar de Arenas, en el que se cita “una viña de los herederos de Salomó Peço”; en este documento Symuel Fartalón es acusado de haber dado muerte a un hombre en una viña suya y por la que finalmente se le declara inocente. En 1492 Yuçe Abeçan, morador de Mombeltrán, recoge la relación de sus propiedades para su entrega al reino vendiendo a Juan de Rebelte una viña en el término de las Falegas.


También es curioso el documento fechado en 1448 en el extraño nombre de un vecino de Colmenar y con el cargo de “Lugar del Maestre”, Pedro González Abenhiben, daba poder al bachiller Ruy López Beato, vecino de Ávila, para que cobrase ciertas deudas en su nombre, lo que prueba el amplio radio de acción de la actuación de los prestamistas de esta villa.

Con el edicto de expulsión, parece que la comunidad judía de Colmenar de Arenas se embarca en su mayoría camino de Marruecos atravesando Andalucía, aunque también consta que alguno se fue a Portugal. Un documento de Cuéllar cita los maravedíes que correspondieron al duque de Alburquerque, confiscados a los herejes de Mombeltrán hasta 1496, cuyo monto ascendió a 179.223 mrs.
En el archivo de Mombeltrán queda la cédula y órdenes de la expulsión y el proceso para saldar las deudas antes de marchar. Por real cédula de 14 de octubre de 1494 le eran concedidos al duque de Alburquerque los bienes que dejaron los judíos expulsados.

Bibliografía:

sábado, 27 de abril de 2013

La Aljama de Soria


Hay muchas leyendas que hablan sobre el origen del nombre de la ciudad de Soria, pero hay una expresa el legado judío de la ciudad. Para las primeras comunidades judías, el monte, que albergaría más tarde el Castillo, y sobre el cual, en sus laderas se asentarían más tarde dicha comunidad, tendría un nombre, Oria, que evocaría al monte del Templo en Jerusalén, el monte Moriá.


Este origen del nombre de la ciudad, estaría bastante alejado de donde, según estudios etimológicos, el nombre de Soria proviene. Y es que según las últimas investigaciones, Soria sería una palabra compuesta, de origen vasco, procedente de los pobladores que vinieron a la zona durante la repoblación medieval, hacia finales de la Alta Edad Media o principios de la Baja. Estos habrían dado en llamar a la zona como So-ria, de So (que mira o mirador) y oria, de ur-a (río o corriente de agua). Es decir, El Mirador (o El Mirón) del río, en este caso, el Duero.


Sí que es cierto, tras varios años de trabajos arqueológicos, que los primeros asentamientos en Soria se remontan a la edad de Bronce, en la que en el cerro del Castillo existió un castro celtibérico, restos anteriores incluso a la existencia de Numancia. Parece que durante la época de la dominación romana y visigoda Soria careció de importancia estratégica y comercial, caso distinto al de la dominación árabe, en la que el cerro del Castillo contó con una atalaya o pequeña fortaleza que protegería a la pequeña ciudad que empezó a crecer en el collado, y que sería la base de la actual urbe. 
Pero la importancia de esta ciudad, al igual que la del resto de la provincia, llegaría durante la época de la reconquista, en la que se convertiría en un significativo enclave estratégico por su situación junto al Duero, que marcaría la frontera entre los reinos cristianos al norte y los musulmanes al sur.
 

Fue a comienzos del Siglo XII, cuando el rey Alfonso I el Batallador conquista la ciudad a los musulmanes (1119), permite su repoblación y otorga fueros a la ciudad (1129). Es en este siglo XII y por el articulado de sus fueros donde ya se documenta la existencia de la comunidad judía y donde se establecen la regulación de algunas relaciones entre judíos y cristianos (#108, #109 y #129), pudiendo establecerse que la presencia judía  es, por tanto, anterior a estos fueros, de ahí la necesidad de la regulación.

En los fueros de Soria además se indica que los corredores, los encargados de vender y comerciar con objetos y bienes del concejo, serían nombrados por el juez y los alcaldes bien entre los cristianos o bien entre los judíos (Cap. XI, arts. 109-112). Con este punto, se reconoce (y se protege, como se hace en el título 45) la importancia que la comunidad judía tendría en el comercio en Soria, que giraría en torno a la lana, y por supuesto, al igual que sucedió en el resto de ciudades castellanas, jugaría un papel muy importante en el negocio lanar y en el comercio de esta materia. Según Cantera Burgos, las actividades económicas principales de los judíos de la provincia de Soria fueron, además de las de mercaderes en el comercio de lanas, paños, ganados y tenerías, las de prestamistas, arrendadores de rentas y cobradores de las mismas. 
Sin embargo, no todo el articulado de los fueros era proclive a la comunidad judía. En varios títulos (Tit.28/13) se excluía del marco de garantías a los que profesaban otra religión distinta al cristianismo, aunque el fuero mostraría en mejor situación a los judíos al frente  de actividades relacionadas con el comercio que a los musulmanes, que aparecen como siervos y dependientes en grado de semiesclavitud (Tit. 11/3; 12/1).
Pese a que a medida que avanza la edad media, las fronteras se van alejando hacia el sur debido al empuje de los reinos cristianos sobre los musulmanes, Soria seguirá siendo un enclave estratégico debido a las luchas por el territorio entre los reinos de Castilla, Navarra y Aragón, por la importancia de la cabaña trashumante en esta zona y por el mercado de la lana y su peso en el Real Concejo de la Mesta. Por este motivo comercial, la Aljama judía de Soria llegaría a ser una de las las diez aljamas mayores del reino de Castilla durante el Siglo XV. 


Al comienzo de la repoblación de la ciudad, los judíos parece que se concentraron en los aledaños del castillo, según ha quedado documentado:

en el castillo de Soria, dentro del muro principal, hay un cuerpo espacioso en el cual antiguamente hubo trescientas casas y un templo, que hoy dura, aunque arruinado. Muchas de estas casas dicen que eran de judíos, y aquella población, con la que había por fuera, se llamaba alhama”. 

No debe interpretarse esto como que los judíos moraban en el interior de la fortaleza, sino en sus alrededores o inmediaciones, aunque sí que la comunidad judía tuvo a su cargo, como fue habitual en los reinos hispanos durante la edad media, la defensa de la fortaleza a cambio del disfrute de una total libertad de movimientos, el estar exentos de pagar toda clase de monedas y, lo que era más importante, de una especial protección por parte del monarca, como así quedó registrado durante el reinado de Enrique IV en un privilegio existente en el archivo del Ayuntamiento.



Como señalan B. Taracena y J. Tudela en "Soria: Guía artística de la ciudad y su provincia", cobijada en la espaciosa plaza de armas y en las inmediaciones del Castillo (de Oria), vivió apiñada la población judía y fue tan numerosa que era considerada la aljama de Soria como una de las principales de Castilla.


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Por la insuficiencia de espacio en los alrededores del castillo para acoger una población cada vez mayor y por el deseo de los judíos quizás de acercarse a la parte baja de la ciudad, donde se desarrollaba la actividad comercial en torno a la iglesia de Santa María del Azogue, cercana a la colegiata de San Pedro, la comunidad comienza a asentarse en las proximidades de la Plaza Mayor. La Calle del Teatro, que baja hasta dicha Plaza Mayor, se llamaría hasta tiempos no muy lejanos como la Calle de la Judería y se cree que aquí estuvo situada una de las sinagogas que tuvo la aljama de esta ciudad. 


La extensión de la judería abarcaría la cuadrilla de San Juan de Rabanera y la Plaza de Tovasol, hasta la Ermita del Mirón y Puerta de Nájera, donde tal vez tuvieron una sinagoga, según Nicolás Rabal.



También había otra aljama en el llamado arrabal, quizás extramuros, pero que hasta el día de hoy no ha sido fácil de localizar, aunque en los privilegios queda distinguida de la del Castillo.
En la ladera oriental del monte Oria se situó la necrópolis judía, donde, en el Siglo XX, tras unos trabajos de reforestación se encontraron varias tumbas de forma antropomorfa con cabecera oval, cuya estructura sigue modelos cristianos muy habituales en la época, así como una lápida correspondiente a Abraham Satabi que hoy se encuentra en el Museo Numantino de la ciudad de Soria, y confirmándose que la necrópolis se situaba fuera de la murallas de la ciudad. En la actualidad, debido a la gran pendiente y a la falta de adecuación, no es posible su visita.


Por el padrón que hicieron los almojarifes hebreos en la ciudad de Huete para el reparto de los servicios y encabezamientos de los judíos de Castilla, se sabe que la de Soria pagó 1038 maravedíes por encabezamiento. En tiempo del Rey Alfonso X el Sabio, se hizo un padrón, resultando que junto con las doscientas personas que vivían en los alrededores del castillo, en la ciudad de Soria hacían un toral de unos 1200 judíos. 

Según Luís Suárez, con arreglo a las cantidades pagadas por los judíos sorianos en los repartimientos del “Servicio de los castellanos de oro” entre 1486 y 1490, próximas a los 100.000 maravedíes anuales, se puede calcular una población hebrea cercana a las 300 familias en las fechas inmediatamente precedentes a la expulsión.
 
Entre los sorianos judíos más importantes, hay que destacar a Yusuf Albo, uno de los grandes talmudistas del Siglo XV. También al Rabino de la ciudad, Selomoh bar `Ali, autor de "Escolios del Talmud", y discípulo del Maestro Yonah que sería el precursor de la escuela de iluminadores de finales del Siglo XIII y comienzos del XIV. Soria contó además con grandes cabalistas judíos medievales como fueron los hermanos Jacob e Isaacben Ha-Cohén, Sem-Tob ben Abraham ibn Gaón y Abraham Benveniste que en 1432 alcanzaría a ser el tesorero mayor de Juan II.


Parece que por los datos que nos han llegado hasta actualidad, las relaciones entre cristianos y judíos fueron tradicionalmente buenas en Soria hasta mediados del siglo XV, o al menos, no se mencionan en las crónicas de la villa enfrentamientos de importancia. Aunque sí que en 1380, durante la celebración de las Cortes convocadas por Juan II se publican las  disposicionesdictadas contra los judíos en Soria, lo que  caracterizaría a la ciudad, según Menéndez Pidal, por su gran antisemitismo. No obstante, sí que durante las persecuciones durante 1391 la comunidad judía debió sufrir algún acto violento, a juzgar por una carta que el 16 de julio de 1391 envió la reina de Aragón, Doña Violante de Bar, al Arzobispo de Toledo, en el que la propia reina solicita la libertad para Samuel Bienveniste, un judío de Zaragoza, que cuando regresaba de Castilla al reino de Aragón, “hoyendo decir en el camino de Valote, ques era movido en Soria contra los judíos”, se refugió en el castillo de Cabrejas del Pinar, donde lo tenía preso desde entonces el Obispo de Osma. Pero en todo caso, no debieron sufrir demasiado al poder refugiarse en el castillo, según escribió YosefHa-Kohén en su “Emeq ha-Bakka” (El Valle del llanto). 
En seguida, los judíos se recuperarían por la política de protección de los monarcas hacia la población hebrea. Así, el 22 de junio de 1397, el rey EnriqueIII otorga a la aljama de Soria el privilegio de poder pasar semanalmente 20 cargas de vino de Aragón y Navarra, así como mantenimientos diversos para su provisión en el castillo, como recompensa por la defensa y guarda que hacían de la fortaleza. 


A lo largo del último tercio del Siglo XV se comprueba en el caso concreto de la Aljama de Soria como se produce un aumento de la presión sobre los judíos por parte de las autoridades municipales; aunque en general no eran frecuentes las acciones violentas, si se producían reiteradas negaciones a las aljamas a los concursos de la justicia concejil, restricciones en el suministro de víveres, insistencia en los apartamientos y al aislamiento de la comunidad, así como a la contribución en los impuestos locales, lo que provocaba no pocas quejas y pleitos. 

Con la unión de los reinos de Castilla y Aragón comienza a producirse en Soria el declive de la actividad comercial al dejar de ser un lugar de paso entre fronteras. En 1477 los Reyes Católicos declaran la orden de una judería obligatoria en Soria para evitar los dapños que por causa de bevir e morar e estar los judíos entre los christianos se seguían, hordenamos e mandamos que de aquí adelante los judíos non bibiesen nin morasen entre los christianos” que no se extendería al resto de juderías de ambos reinos hasta las Cortes de Toledo de 1480

Unos años más tarde, en 1479, en plena Guerra de Sucesión de Castilla, se producen algunas revueltas antijudías con la excusa de usura de prestamistas judíos de Soria.
Finalmente los judíos son apartados del Castillo en 1487 aunque no definitivamente de la ladera del monte Oria, donde habitarían hasta su expulsión en 1492, año en el que el decreto de expulsión de los judíos marca el comienzo de la definitiva decadencia económica y social de la ciudad de Soria y que duraría hasta bien entrado el Siglo XX.


Bibliografía:

[1] Sinagogas Españolas. Cantera Burgos, Francisco. Consejo Superior de Investigaciones Científicas. Instituto "Benito Arias Montano". Madrid. 1984.
[3] Les Juifs de Soria et Isabelle la Catholique. Julien Weill
[4] Juderías medievales en la provincia de Soria», Homenaje a Fray Justo Pérez de Urbel. Cantera Burgos, Francisco. Silos 1976, pp. 445-482.
[5] Del Pasado Judío en Los Reinos Medievales Hispánicos: Afinidad y Distanciamiento. Yolanda Moreno. pg. 278. 
[6] Soria. Sus monumentos y Arte - Su naturaleza e Historia. Rabal, Nicolás. Barcelona, 1889.
[7] Fontes Iudaeorum Regni Castellae. II: El Tribunal de la Inquisición en el Obispado de Soria (1486-1502). Carrete Parrondo, C, Con una valoración psicológica por M. J.  Castaño González, Salamanca 1985. 
[8] La Soria de los judíos: Sus caracteres elementales. Arevacon - vol. 16 - Museo Numantino/Soria - 2006 - 15pp. Castaño, Javier 
[9]  "Conflictos entre el concejo y la aljama de los judíos de Soria en el último tercio del siglo XV", Cantera Montenegro, Enrique. Anuario de Estudios Medievales, 13 (1983), págs. 583-599.

viernes, 10 de agosto de 2012

La Judería de Alcalá de Henares (I)

La presencia de judíos en Alcalá de Henares está documentada desde el año 1118, año en el que las tropas cristianas del Arzobispo de Toledo, Bernardo de Sedirac, conquistan el Alcázar musulmán de Al-Qal'a Nahar y todo el valle de su influencia, aunque presumiblemente, como en otras ciudades de la España musulmana, ya contaría con una cierta población judía. Hasta el 1492, Alcalá de Henares tendría la judería más extensa de lo que en la actualidad es la Comunidad de Madrid (por delante de la de Madrid o la de Chinchón) y sería de las más notables de Castilla, ya que algunos estudios cifran la población judía en unas 5.000 personas.
Durante el dominio cristiano, la ventaja que supuso la protección que ofrecía el Obispo de Toledo, con la aplicación de las mismas leyes e iguales derechos a la la población judía residente en la ciudad Complutense que a la población cristiana, así como el respeto a los ordenamientos de Alfonso VI , atrajo a muchos judíos de otras regiones, que vieron en Alcalá de Henares una ciudad próspera donde ejercer su profesión, comercial fundamentalmente. 


Es de destacar que el Fuero Viejo equipara a los judíos con los cristianos e intenta que se asienten en Alcalá. La legislación española medieval fue la más generosa en el trato a los judíos, legislación inspirada en la "Constitutio" de Inocencio III. En cuanto a su convivencia en la ciudad, destacamos que tenían derecho de propiedad sobre bienes muebles e inmuebles. Y en cuanto a su relación con los cristianos, los judíos no podían mantener amistad ni convivir con ellos. Eran protegidos personales de la monarquía y también de los arzobispos. De ahí la libertad de movimientos que tenían para su actividad mercantil e incluso para viajar. Así podemos encontrarnos en Alcalá con judíos provenientes de Sevilla, Córdoba, Toledo o Zaragoza.

Unos siglos más tarde, en 1348, durante el reinado de Alfonso XI, y tras el Sínodo de Zamora, los fueros de Alcalá se vieron afectados negativamente con respecto a las leyes que afectaban a los judíos, perdiendo gran parte de esta privilegiada situación.
Hacia el año 1474, la judería de la ciudad llegó a contar con unas 111 familias, población muy inferior a la que tuvo allá por los siglos XIII y XIV. Sin los judíos que moraban en Cobeña, en el repartimiento hecho en 1474 por Rabí Jacob Aben-Núñez, juez mayor de los judíos y médico del rey Don Enrique IV, la población judía de Alcalá contribuyó con 3.300 maravedíes. Utilizando el padrón de judíos de Talavera de la Reina (Toledo), Fernando Suárez cifra la población judía de Alcalá de Henares en 1477-1478 en 336 vecinos pecheros, lo que daría lugar, empleando un coeficiente de 5 miembros por familia, a una población total de 1.680 judíos.



La ciudad de Alcalá de Henares que creció junto al río donde se estableció la anterior ciudad romana, estuvo cercada por una amplia muralla que cerraba la ciudad durante todo el medievo y que recogía a los tres grandes barrios en los que se dividía la ciudad: El barrio Cristiano ocupando todo el norte y este, el Judío al oeste de la plaza de la Picota y de la morería o la Almanjara, al suroeste, cerca de las vegas del Henares. La judería abarcaba una zona en forma de cuadrilátero, incluyendo la cabecera inmediata de las calles de Escritorios, la totalidad de la calle Mayor, y parte de la de Santiago, y cuyo límite podía decirse que estaba en la calle Segovia, hoy desaparecida, que unía las citadas calles con la puerta de Burgos.



En la actualidad, el Ayuntamiento de la Ciudad de Alcalá de Henares ha señalizado este y los otros dos barrios medievales con el objetivo de recuperar nombres o recuerdos plasmados en viejos documentos y en el urbanismo heredado de la Ciudad Medieval. Las 21 placas que  la forman se diferencian por el color, por el símbolo de la cultura que representan (la media luna, la cruz latina y la menorah) y por las tipografías árabe y hebrea de los Barrios de la Morería y Judío.




Según queda atestiguado por documentos de los siglos XV y XVI, en la muralla existió un postigo o puerta, llamada de los judíos, situado cerca de la calle del tinte, antes de llegar a la actual plaza de Atilano Casado. Otros autores, sitúan el postigo de los judíos, siguiendo longitudinalmente la plaza de Cervantes hacia el norte, localizándola en la Calle de Santiago a la altura de la actual Iglesia. Hoy días, del lienzo de la muralla sólo queda un segmento que va desde la puerta de Guadalajara junto al Palacio Arzobispal, hasta la puerta de Madrid (reconstruida), y aún así, esta parte de la muralla, aunque sigue el trazado de la original, es una reconstrucción del S. XVI.



El Barrio judío, como ya hemos mencionado, se situó entre las actuales calles de Santiago y Escritorios formando una especie de rectángulo, con su eje principal en la Calle Mayor desde la actual Plaza de Cervantes (en aquellos tiempos fuera de la muralla y lugar de mercado y corso) hasta la Plaza de la Picota (actual plaza de los Santos Niños), verdadero corazón de alcalaíno en la edad media. Sobre la calle Mayor iban a dar numerosos adarves o callejuelas con acceso a patios vecinales. 



La Calle mayor conserva aún la función comercial que tuvo durante la eda media, con una distribución que hoy en día todavía se sigue conservando, el comercio o taller abajo, y la residencia encima, formando un auténtico monumento urbano, por la longitud de la calle y por la estructura de soportales. Esta disposición permitía sacar las mercancías a la vista del público y al mismo tiempo protegerlas de las inclemencias del tiempo. La lista de oficios de tipo artesanal o comercial a los que se dedicaron los judíos es muy amplia: prestamistas, plateros, encuadernadores, latoneros, tejedores, carniceros, etc. 


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Las cartas de censo de la iglesia colegial sitúan también a los judíos viviendo en la calle de los Escribanos, en la calle Esparterías, en la calle de Maestro Pedro, en la calle del matadero y en la de los Roperos.



Los judíos de Alcalá, según documentos, contaron con carnicerías, dos sinagogas y un cementerio. En cuanto a las carnicerías, un cartel a la altura de la calle Nueva, nos recuerda la existencia de que al menos una de ellas estuvo ubicada entre  la Calle Mayor y la de Santiago.



La ciudad de Alcalá tuvo dos Sinagogas, la Mayor y la Menor. La Sinagoga Mayor se situaría en lo que hoy se conoce como Corral de la Sinagoga o de la Xinoga, entre los números 35 y 36 de la calle Mayor, frente al Hospital de Antezana, con salida hacia el nº 10 de la calle del Carmen Calzado.


 



El sábado 7 de Agosto de 1395 “dentro de la sinoga mayor de los judíos desta dicha villa”, estando allí en oración “larga gent de los judíos” de Alcalá, ante notario y testigos, “parescio y en la dicha sinoga Maestro Pedro, Fesico de nuestro señor don Pedro, Arzobispo de Toledo” y mostró e hizo leer carta de éste del 12 de Mayo anterior nombrando a dicho físico “nuestro Alcall e Juez mayor” de todas las aljamas judías del Arzobispado y ordenando a éstas que por tal le reciban. Don Abraham aben Xuxén y otros 17 judíos obedecen la carta pero ofrecen ciertos reparos, mientras gran parte de los otros judíos presentes manifiestan a grandes voces su conformidad con la carta del prelado y su disentimiento de la respuesta de Abraham aben Xuxén" (Don Ramón Santa María,  Edificios hebreos en Alcalá de Henares, BRAG, XVII, 184.189).


La Sinagoga Menor estuvo emplazada entre los números 18 y 22 de la calle de Santiago, junto a lo que más tarde pasó a ser el convento de Capuchinos, convertido hoy en el restaurante "La Cúpula".


lunes, 19 de marzo de 2012

La Aljama de Cuéllar

Bajo la sombra del Castillo de los Duques de Alburquerque se encontraba la judería de Cuéllar (Segovia), ubicada entre la puerta de la Judería y la de San Andrés, y lindando al sur con la parroquia de la iglesia de San Esteban,  al norte con la muralla de la villa y el Hospital de Santa María Magdalena. La comunidad hebrea habitó Cuéllar al menos del siglo XIII hasta su expulsión, mediante el Edicto de Granada promulgado por los Reyes Católicos, en 1492.


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En 1290 se tiene la primera noticia documental, cuando la aljama de Cuéllar contribuyó al obispado de Segovia con 933 maravedíes, siendo al parecer, junto con la aljama de Coca, una de las menores de la provincia de Segovia. Al siglo XIII pertenece también el sello concejil de Cuéllar que se conserva en la actualidad en el Museo Arqueológico Nacional, y que fue realizado por los judíos de esta población.

En el reinado de Enrique IV de Castilla la aljama creció de manera importante hasta convertirse en una de las mayores de la provincia, pero por debajo en población de la existente en la propia Segovia. De esta manera los judíos de Cuéllar tributaban al obispado con 3.000 maravedíes, mientras que la judería de Pedraza lo hacía con 1.200, la de Fuentidueña con 1.000 y la de Coca con 700.
En el Libro “Censo de Población de las provincias y partidos de la Corona de Castilla en el siglo XVI” de Tomás González, se recoge que en una copia del reparto original que se hizo a las Aljamas de judíos de la corona de Castilla del servicio que habían de pagar en el año de 1474, en el apartado correspondiente al Obispado de Segovia:  “El Aljama de los judíos de Cuéllar, sin los judíos de Iscar: tres mil maravedís. Los judíos que moran en Iscar: ciento é cincuenta maravedís”. El servicio que pagaba cada vecino o cabeza de familia era de 50 marevedís, por lo que se estima que en Cuéllar vivían unas 60 familias.





El 
nombramiento de Diego de Alba como corregidor de la villa impulsó el crecimiento de la población judía, aunque más tarde le valiera ser investigado por la Inquisición española, al acusársele de favorecer a esta comunidad, de participar en ceremonias religiosas y de ser descendiente de conversos. En su proceso inquisitorial durante el 1498, un fraile afirmó que con su llegada a Cuéllar el número de judíos aumentó de cincuenta a más de doscientos. Según la documentación del proceso del Licenciado y corregidor de esta villa, Diego de Alba,alega el procesado entre las causas de las enemistades contra él concitadas:
"que yo las quebranté (a los judíos) las puertas de la synagoga e las hize desrachar las puertas de la casylla donde tenian sus toras, e dende arrastrando con ellas saqué un judio que alli tenian escondido e llevele a la cárcel publica e después le embié al consejo, de que ovo grande sentymiento e grande llanto entre ellos...". [1] 

Poco antes de la expulsión de la comunidad en 1492, surgieron algunas disputas entre cristianos y judíos, y la justicia de Cuéllar llegó a irrumpir en la sinagoga en busca de un judío acusado de un delito. Además, se tiene constancia en documentos del azotamiento de un judío llamado Garçón, y del ahorcamiento de otro llamado Haron. Una vez cumplido el plazo marcado por los Reyes Católicos, son constantes las noticias de conversos, destacando el apelativo de la Cueva en sus apellidos, linaje propio de la Casa de Alburquerque.
Según testimonios obtenidos de los procesos de la Inquisición, en los años 1470 las relaciones entre la aljama y los demás vecinos no eran tan malas, ya que en Rosh Hashaná (Año Nuevo judío) muchos cristianos respetables de ese pueblo, del palacio del duque y de la villa solían acudir a la sinagoga, a fin de escuchar el sermón de "rabí Simuel, físico del sennor duque".



Dentro de los restos más destacados de la Judería de Cuéllar, está como único testigo, la puerta de la Judería, portillo de época medieval que comunicaba entre sí a dos de los tres recintos amurallados que componían la fortificación. Destaca por ser la puerta de menor tamaño del conjunto y por la ausencia de torreones y otros elementos defensivos. Está excavada directamente en el paño de muralla, sin que sobresalga del mismo, y tiene una anchura aproximada de dos metros; conserva aún los arranques en los que se sujetaba la puerta de madera que cerraba el acceso.


A partir del siglo XVII la muralla dejó de tener importancia militar, iniciándose un proceso de abandono que se alargó hasta el siglo XIX y que tuvo como resultado el hundimiento de parte de esta, así como remodelaciones modernas como pueden ser aberturas para puertas y ventanas de viviendas particulares, hecho que afectó simbólicamente al entorno y muralla de esta puerta, como se observa en las fotografías que se conservan de la época.



El edificio considerado como la sinagoga de esta aljama, se ubicaría posiblemente entre las calles de San Esteban y de la Magdalena, aunque no queda rastro de ella.