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jueves, 12 de febrero de 2015

Judíos del Valle del Jarama (II): La Aljama de Torrelaguna

El posible orígen de la actual población de Torrelaguna está en la creación de una aldea independiente de la villa de Uceda, cuando ciudadanos de dicha población se establecen para aprovechar las fértiles vegas al pie de las sierras. Al igual que en el resto de la comarca, se han podido encontrar en su término municipal restos ibéros, aunque posiblemente su núcleo originario se iniciara, al igual que en localidades cercanas como Talamanca, Uceda o Buitrago, bajo dominación romana.

Aunque no hay demasiada información durante la época visigoda, si que durante el periodo musulmán, Torrelaguna adquiere cierta importancia, y ya crónicas de la época indican la existencia de hasta siete barrios.

Arquitectura Popular. Calle del Hospital.
Tras la conquista de Toledo en 1085 y la dominación cristiana del territorio al norte del río Tajo, se inicia en la comarca un periodo de relativa calma. Años más tarde, el arzobispo de Toledo, Pedro Tenorio, solicita al Rey Juan I de Castilla la separación de Torrelaguna de Uceda, como recompensa por los esfuerzos que los vecinos realizaron en la construcción de la muralla y en el acopio de armas para su defensa frente a los ataques de las tropas musulmanas. La concesión del título de Villa Libre o burgo en 1390, sumado a la concesión de un mercado, supuso para Torrelaguna el inicio de su periodo de prosperidad. Junto a estos privilegios, otros como la protección frente al paso del ganado de la Mesta y exenciones fiscales, aseguraron a los reyes el apoyo de Torrelaguna.

Pero sin duda el momento que marcaría la historia de Torrelaguna social y urbanísticamente se produciría entre finales del s. XV y principios del XVI, coincidiendo con la época de poder del Cardenal Cisneros, que nacería en esta localidad hacia 1436, y con él, la llegada al pueblo de familias ilustres.

Vista de la Torre de la Montera y de la Puerta del Berrueco.
Hasta el siglo XV son bastantes escasas las noticias que se refieren a los judíos de Torrelaguna, y casi todas las que nos han llegado han sido a través de los repartimientos fiscales o de procesos inquisitoriales. Posiblemente los principales oficios que ocuparon los ciudadanos judíos en Torrelaguna estuvieran más relacionados con el comercio y actividades mercantiles, la relación de éstos con el concejo de la Mesta y con  otras profesiones artesanales, descartándose las labores agrícolas, aunque es posible que algunos judíos de la villa trabajasen en los importantes viñedos y huertas que rodeaban a la villa, ya que hay noticias de judíos vecinos de la localidad que poseían viñedos. Es curioso, pese a esto, que sólo haya una crónica de un judío, Ysaque de Bilhorado, que lo relacione con tareas mercantiles.

La práctica de la medicina, actividad típica de la población judía durante la edad media, fue una de las que más relevancia tuvo entre la comunidad judía de Torrelaguna. De hecho, se tiene constancia que con el decreto de expulsión general de 1492, la villa de Torrelaguna se quedó sin, al menos, dos de los cinco médicos que había. Rabí Abraham Qalama y Rabí Levy, que salieron del reino en 1492, regresando más tarde convertidos al cristianismo con los nombres de maestre Enrique y maestre Alonso respectivamente.

Calle de La Montera.
Se tiene además noticia, en relación con la posesión de tierras de cultivo, que el médico Rabí Ley, quien cuando volvió convertido, reclama ciertas viñas que había vendido al marcharse. También la conversa Ynes Elias, mujer del maestre Enrique (o Rabí Abraham Qalama) reclama las «casas e viñas e tierras» que había vendido cuando salió del reino.

Según se desprende de los repartimientos fiscales para la población judía, los judíos de Torrelaguna constuyeron jurídicamente una Aljama. En dichos repartimientos, los judíos de Torrelaguna contribuyeron asi:

1464 - 800 mrs
1472 - 1.000 nirs.
1474 - 1.000 mrs.
1479 - 800 mrs.
1482 - 800 mrs.
1488 - 24.626 mrs
1491 - 24.450 mrs.

A diferencia del resto de la comarca, la comunidad judía de Torrelaguna si tuvo una organización o concejo con autonomía jurídica y religiosa y que administraría su organización interna, teniendo a su cargo una sinagoga, una carnicería e incluso un cementerio.

Sorprende que pese a ser escasa  la documentación sobre la Aljama Torrelagunense, haya llegado a nuestros días documentos que constatatan la existencia de hasta nueve rabíes, lo que nos indica la gran importancia social y religiosa de la Aljama de Torrelaguna dentro de la comarca. Los nombres de los rabíes de Torrelaguna que han llegado en las crónicas hasta nuestros días eran, además de los cinco médicos ya mencionados, Rabí Caqon, Rabí Lezar, Rabí Mose y Rabí Yuçe afatel.

La existencia de la Sinagoga de la Aljama de Torrelaguna ha quedado documentada a través del proceso inquisitorial contra Fernando de Madrid, vecino de Torrelaguna, donde el fiscal inquisitorial acusa al procesado de que “enhiava e enbio azeite a la xinoga, por la devoqion e creengion que en ella tenya”.

Plaza de la Paz. A la derecha, actual Casa de la Cultura, Antiguo Hospital de la Santísima Trinidad.
Se considera que el solar donde se ubicó antiguo Hospital de la SantísimaTrinidad fue en el siglo X mezquita bajo el dominio musulmán, y sinagoga tras la reconquista cristiana en el siglo XI y que pasó a hospital después de la expulsión de los judíos en el siglo XV. Este uso se mantuvo con algunas interrupciones hasta 1967, año en que se cerró como hospital y quedó abandonado hasta que, a finales del siglo XX, el Ayuntamiento lo transforma en Casa de la Cultura y Oficina de Turismo. Hay previsto realizar un estudio arqueológico y excavación que confirmarán si en verdad en este solar se  levantó una sinagoga judía,

A través del mismo proceso inquisitorial comentado antes, queda confirmada la existencia también de una carnicería, ya que en dicho proceso aparece entre los testigos del fiscal un “Jaco de Bilhorado, carnigero, vesino de Tordelagun”, que con mucha probabilidad era el encargado de proveer a la Aljama de Torrelaguna de este servicio.

Es de suponer, aunque esto ya no está ni documentado ni se han encontrado restos arqueológicos, que Torrelaguna debía contar con cementerio judío, ubicado extramuros de la villa. Se conoce por crónicas de la época que entre 1474 y 1492, la aljama de Torrelaguna contaría con unos 306 habitantes judíos, es decir aproximadamente un poco más del 10% de los habitantes totales de la villa, lo que hace inevitable que los enterramientos se realizaran en tierras colindantes a la villa.

 Vistas de la Calle de la Santísima Trinidad.

Como en el caso de Uceda y del resto de juderías y aljamas al norte del Tajo, tampoco la Aljama de Torrelaguna parece que sufrió demasiado durante las persecuciones de 1391, pero no se puede confirmar ya que tampoco hay noticias o crónicas de la época al respecto.

De lo que sí hay noticias es que a raíz de la Carta de apartamiento de los judíos y moros que establecía que en un plazo máximo de dos años todos los moros y judíos debían quedar apartados en barrios aislados, para que no pudieran hacer proselitismo entre la población cristiana, dada en las Cortes de Toledo de 1480, la comunidad judía de Torrelaguna si que tuvo que ubicarse extramuros, ya que en el proceso inquisitorial contra Fernando de Madrid, ya citado, acusa al judío Ysaque Fandan, vecino de Torrelaguna, y dice que se sospecha de él “porque syenpre quiso mal al dicho defunto, por que antes del apartamiento de los judíos morava este falso testigo pared en medio del dicho defunto, e hizo un grande agujero en un tabyque el dicho Fandari...”

Aunque no hay documentos suficientes que confirmen donde se ubicaba la judería antes del apartamiento, si que si la Sinagoga estuvo donde más tarde se ubicó el Antiguo Hospital de la Santísima Trinidad, podemos pensar que la Aljama de Torrelaguna pudiera ubicarse alrededor.

Así, posiblemente, la aljama se articuló intramuros, al sureste de la villa, entre las actuales calles de Burgos, Santísima Trinidad, Calle del Hospital, Plaza del Cardenal Cisneros y Calle Montera, formando una composición urbanística cerrada. Recordemos que tras el decreto de expulsión, la mayoría de las calles cambiaron sus nombres a referencias cristianas. 

Vistas del Arco del Cristo y la Calle de Burgos.

Interesante es que la plaza a la que se accede saliendo de la judería por la Puerta del Cristo, tenga el nombre de Plaza del Matadero, con lo cual, y sabiendo que la Aljama de Torrelaguna tenía carnicería, deba su nombre a que aquí se encontraba la carnicería de la comunidad judía, que como bien se sabe, estaba siempre cerca de la judería pero lo más cercana a alguna corriente fluvial para eliminar la sangre y los despojos de los sacrificios que allí se realizaban.

Vista de la Plaza del Matadero.
Es posible que, tras el decreto de apartamiento, los judíos pasaran a vivir al arrabal extramuros, al otro lado del arroyo, pero de esto no hay documentos que lo atestigüen.

Como dato curioso pero sin corroboración documental, hay un comentario popular que cuenta que los varones judíos de Torrelaguna tenían por costumbre casarse con doncellas de Cobeña.



[1]  Judíos y conversos de Torrelaguna (madrid) en tiempos de la expulsión. Enrique Cantera Montenegro. Universidad de Madrid.
[2] Judios de Torrelaguna a finales del S.XV. Enrique Cantera Montenegro
Anales de estudios madrileños, tomo XVIII.
[3]  Judíos de Torrelaguna: Retorno de algunos expulsados entre 1493 y 1495. Luís Suárez Fernández. Revista Sefarad, XXXIX (1979), págs. 333-346.
[4] Los judíos de Madrid en el siglo XV: Las Minutas de los escribanos. Gonzalo Viñuales Ferreiro. Espacio, tiempo y forma, Serie III, Hª Medieval, t. 15, 2002, págs. 287-305.
[5] Las ciudades castellanas y sus juderías.  Fernando Suárez Bilbao
[6] Judaizantes del arzobispado de Toledo habilitados por la inquisición en 1495. Francisco Cantero Burgos y Pilar León Tello. Universidad Complutense de Madrid, 1969.

martes, 26 de febrero de 2013

La Aljama de Caracena

Hoy Caracena, la que antaño fue villa principal de la tierra de su mismo nombre (cabeza de más de una veintena de aldeas), se encuentra semiabandonada, aunque aún se pueden percibir los abundantes signos de su esplendor medieval, como son sus dos iglesias (de San Pedro y de Santa María o Virgen del Casado), la cárcel, la plaza mayor, su trazado urbano o su Castillo


La zona de la Villa de Caracena, entre dos barrancos, el del río Caracena y el Adante, formados durante miles de años en estas agrestes tierras, fue habitada desde al menos la edad de bronce (1500-1200 a.c.), como lo atestigua el yacimiento de Los Tolmos, el más representativo de la provincia de Soria. 




En él se descubrieron tumbas antropomórficas rupestres, sepulturas en hoyos de inhumación y objetos como hachas, puntas de flecha o fragmentos de cerámica campaniforme. También estas tierras fueron escenario de las guerras celtíberas, donde los arévacos se enfrentaron a las legiones del cónsul Pompeyo en 141 a.c. No hay, sin embargo, constancia de asentamiento alguno durante la dominación romana, aunque como enclave en el camino entre Tiermes y Uxama, pudo haber tenido cierta importancia para el control de la vía.

La importancia de Caracena llegaría, como el resto de tierras sorianas, por encontrarse durante los siglos X y XI en la marca fronteriza entre los reinos cristianos y los musulmanes. Es durante estos siglos cuando se construye su castillo. En sus inmediaciones tendría lugar una de las más cruentas batallas entre musulmanes y cristianos, la batalla de Alhandega, en la que una emboscada en los cañones y barrancos de la sierra de Pela, de los ejércitos cristianos a los de Abderramán, darían la victoria a estos primeros y causaría una gran pérdida al califato de Córdoba.

Durante el siglo XI y alejada ya la frontera hacia el Tajo, se concedieron fueros reales y determinados privilegios a aquellas gentes que acudieran a poblar la zona de las Comunidades de Villa y Tierra de la Extremadura Castellana, entre las que se encontraba  Caracena. 



Tanto Fernando I de León como su hijo Alfonso VI, consideraron Caracena como una plaza prioritaria de repoblación. Surge así la Comunidad de Villa y Tierra de Caracena. En 1113 ya estaba totalmente estructurada y según el censo del año 1594, la villa estaba constituida por diecinueve pueblos o aldeas y trece despoblados.

A finales del siglo XIV es entregada a la familia Tovar, que la mantiene en su poder hasta la guerra de sucesión de finales del siglo XV. Los Reyes Católicos confiscarían la villa y la entregarían junto con sus aldeas a Alfonso Carrillo de Acuña II, sobrino del famoso arzobispo de Toledo. Una de las primeras medidas de Carrillo será reconstruir el castillo de Caracena. 




La presencia judía en Caracena no se hace patente hasta bien entrado el siglo XV, donde se aprecia, a diferencia de siglos anteriores, como los impuestos pagados por la comunidad van creciendo año tras año, lo que nos indica que a diferencia de otras poblaciones castellanas, la villa fue repoblándose de judíos. Sin embargo, a día de hoy, sólo estos datos contables y los expedientes inquisitoriales de 1498 archivados en Cuenca nos indican algo sobre la aljama de Caracena.
De estos expedientes inquisitoriales destaca la mención de una sinagoga, aunque en ningún documento llega a indicarse su ubicación. La tradición popular sitúa en el llamado “Arrabal de Gormaz”, al norte de la población, la aljama. Esta zona urbana, hoy en día desaparecida y que forma parte de las llamadas eras del pueblo, antaño tendría la misma configuración medieval que tiene el resto de la villa. 




Se trata de una distribución de calles estrechas y que se adaptan a las irregularidades del terreno, que confluirían de manera radial en la Plaza mayor. Por la situación de la iglesia de la Virgen del Casado, se ha pensado que pudo ser la sinagoga que se menciona en los expedientes inquisitoriales, aunque por sus características románicas y su riqueza en elementos visigóticos y mudéjares podría descartarse rápidamente esta idea según el historiador Juan Gaya Nuño.

 
Ver La judería de Caracena en un mapa más grande

Bibliografía:
[1] Judíos y judaizantes de Caracena. Ricardo Muñoz Solla. Revista El Olivo, nº 53. Universidad de Salamanca
[2] Los repartimientos del. «servicio y medio servicio» de los judíos de Castilla de 1484,1485,1490 y 1491. Gonzalo Viñuales Fereriro. Uned, Madrid.
[3] Censo de población de las provincias y partidos de la Corona de Castilla en el Siglo XVI. Tomás González (1829).
[4] Del Pasado Judío en Los Reinos Medievales Hispánicos: Afinidad y Distanciamiento. Yolanda Moreno. Colección Humanidades
 

martes, 29 de enero de 2013

La Judería de Sigüenza

Sigüenza se asienta en un cerro rodeado por el río Henares y varios arroyos, lo que unido a estar en la vía que unía Mérida con Zaragoza, al igual que otras villas como Hita, Jadraque o Medinaceli, la convirtieron en un lugar económica y estratégicamente importante. Ya se tiene constancia de la existencia de una población celtíbera llamada Segontia durante el S. III a.c, pues durante la invasión cartaginesa fue asediada. Más tarde, en el S. II a.c, durante Guerras Celtíberas es ocupada por los romanos, que establecieron en este lugar un importante centro militar y residencial.
Esta importancia en época romana no decayó durante el dominio visigodo, donde continuó su crecimiento económico y demográfico, convirtiéndose en sede episcopal. Bajo dominación musulmana se constituye la medina, con importantes remodelaciones del castillo. Tras la toma por parte de los cristianos, sería recuperada como sede episcopal y debido a su privilegiada ubicación la hizo tener un destacado papel defensivo.
El trazado medieval de la ciudad se ve influenciado tanto por la presencia musulmana como por ser sede episcopal. En 1121 Bernardo de Agén es investido obispo de Sigüenza por el arzobispo de Toledo Bernardo de Sedirac y hacia 1124, tras haber conquistado la ciudad, inicia las obras de la que sería la catedral, que obispos posteriores continuaron hasta que se finalizó en el siglo XVI, lo cual conferiría a la ciudad, la actual distribución.
La presencia de la población judía en Sigüenza está documentada en una concesión que da el rey en 1124 para realizar enterramientos en la “cuesta del huesario” cuando la ciudad es conquistada, lo que nos indica que los judíos ya habitaban Sigüenza bajo dominación musulmana. Esta necrópolis cuyo uso se extendió hasta 1492, fue redescubierta en el 1826, en el que se encontraron gran cantidad de esqueletos en sepulcros independientes.





Además, Alfonso VII concede al obispo la jurisdicción sobre la aljama, por lo que gran parte de los tributos irían a las arcas del clero y quedando desde este momento, hasta el año de la expulsión, la comunidad judía queda ligada y bajo la tutela del Obispo de la ciudad. Aun así, en el fuero de Sigüenza se especificaba que: "Todos los omes que moraren en Sigüenza, xristianos, arrianos et judios et moros todos ayan y fuero", indicando las obligaciones de cada uno de los credos que cohabitaban en la ciudad, además de la dispensa de fomentar la repoblación de la zona.



Es probable que durante la dominación musulmana, los judíos contaran con su propio barrio, separado de los musulmanes y de los mozárabes. Tras la conquista cristiana, y bajo la protección del señor de la villa, es decir, del Obispo de Sigüenza, la población hebrea goza de una relativa libertad y prosperidad, lo cual permitió una cierta dispersión de la población por la ciudad, desplazándose hacia los aledaños de la Catedral, pues era una zona más apta para el comercio. Según documentación existente en el archivo de la catedral, la convivencia entre judíos y cristianos fue buena hasta fines del siglo XV. Sin embargo, parece también documentarse que los judíos de la ciudad se concentraron en la zona alta de, junto al Castillo. 
En 1412 y tras una serie de disturbios promovidos por las predicaciones de San Vicente Ferrer que se extendieron por los diferentes reinos de la península, Juan II de Castilla ordenó la reclusión de la población hebrea en barrios separados físicamente del resto de la población, por lo que los judíos ocuparon esa zona que hoy en día se conoce como Barrio Judío o Barrio Nuevo. 
La Judería de Sigüenza tenía en su centro una sinagoga y ocupando el declive que protegía el Castillo y teniendo como límites el Portal Mayor y la Calle travesaña Baja. La Puerta de Hierro que hoy en día podemos observar, sirvió como puerta de paso entre la zona de la judería y el resto de la ciudad.


Ver La Judería de Sigüenza en un mapa más grande

El Barrio judío, rodeado por murallas, tuvo al “Portal Mayor” la entrada principal y daba paso, además, a la zona donde se realizaban los enterramiento, el “osario de los judíos” o como popularmente se conocía “cuesta del “cuesta del huesario”. 


Otras tres puertas, en lugar de una como indicaba la legislación, comunicaban al Barrio judío con el resto de la ciudad: "Herreros" o “Puerta de Hierro”, "Medina" (quemada en el siglo XVI y actual Puerta Nueva) y "Arquillo de San Juan". 



Además, la zona era mucho más favorable para el comercio, de modo que su comunidad creció prósperamente. Compartían el barrio con los Musulmanes, cuyo número había disminuido tan drásticamente que no alcanzaban para constituir por sí mismos un barrio, estando restringidos a una sóla calle, la de los Herreros.

   

En la Sigüenza medieval, la Puerta de Hierro fue la entrada principal de la ciudad. Entre el espacio comprendido entre la muralla del siglo XII que albergaba esta puerta y la muralla del siglo XV donde se encuentra el Portal Mayor, se situó la judería. Esta zona, fue el lugar donde se instalaron artesanos y comerciantes de Sigüenza. La Puerta del Hierro al ser una de las entradas principales es donde se cobraba el impuesto de entrada de las mercancías dentro del recinto amurallado para la venta de productos en el mercado semanal. La Plaza del Hierro (donde se ubica la puerta del mismo nombre) era conocida antiguamente como Plaza del Trigo y durante la edad media fue zona de mercado.

     

El Arquillo de San Juan o Puerta de la Travesaña Baja, abierto en el siglo XIII en una de las torres de la muralla, permitió la comunicación entre el barrio de la Judería, ubicada entonces en la calle Travesaña Baja, y la Morería, cuyo centro, como hemos dicho era la Calle Herreros. Dicho arco tiene en su interior hay un balconcillo corrido del siglo XVIII con la imagen de la Vírgen del Carmen.
Hoy en dia se mantiene la huella judía en el callejero de Sigüenza; la calle de la Sinagoga, anteriormente llamada Calle de Judes, nos indica claramente donde se situó la llamada Sinagoga Nueva, aquella que la comunidad construyó tras su traslado a la judería.



Según describió Francisco Cantera en su libro "Sinagogas Españolas", la Sinagoga Nueva se correspondería al número 8 de esta calle, en el que todavía se puede apreciar un arco de medio punto, pero no los huecos de dos las ventanas que él mencionaba. También la documentación archivada en la catedral especifica que el antiguo templo judío se ubicaba en la calle de San Vicente, por tanto, en el mismo sector donde hoy encontramos la calle de la Sinagoga. En este lugar se estableció posteriormente a 1492 una iglesia, aunque posteriormente se transformó en viviendas, tal como han recogido las crónicas, diviéndose el edificio en tres.

    
 
También en la misma orden de 1412 de Juan II, se ordenaba limitar el número de templos judíos que la comunidad hebrea podía tener en una ciudad a uno sólo, por lo que parece que una de las posible Sinagogas, de las dos con las que contó la comunidad, se vendió a la cofradía de San Juan Bautista, que aunque no se conservan registros sobre esta transacción. Crónicas posteriores, relacionaron a este edificio con actividades judaizantes.

    

Parece que tuvo tanta importancia la comunidad judía de Sigüenza, que en las crónicas de aquel momento era conocido que el cardenal Francisco Jiménez deCisneros (1436 - 1517), aprendió el hebreo de un judío seguntino durante su estancia en la ciudad.
"Tan aficionado como esto era de las letras y de hacer fundaciones, si bien a la Sagrada Escritura era toda su inclinación, pues como otro Jerónimo, empezó a aprender la lengua Hebrea y Caldea de un judío de esta ciudad (Sigüenza) para entenderla perfectamente y fueron tan buenos estos principios, que se valió mucho de ellos en el trabajo de la Biblia Complutense " Jiménez de Cisneros, descrito por Pedro Quintanilla (1653).


En los repartimientos del «servicio y medio servicio» de los judíos de Castilla de 1484, 1485,1490 y 1491, la población aportó entre 1000 a 1500 maravedíes, por lo que tuvo suficiente población y era lo suficientemente importante como para adquirir la categoría de aljama. Es cierto que parte de los hebreos se dedicaban a la agricultura, pero se sabe que los judíos tenían en esa ciudad importante negocios de explotación de salinas, como en la vecina Medinaceli. Cabe señalar que en 1490, cuando la comunidad había perdido gran parte de su prosperidad, aún pudo reunir la considerable suma de 204.464 maravedíes por el rescate de los judíos de Málaga, que había sido conquistada por los Reyes Católicos.

Luego, después de la Expulsión, el barrio fue repartido entre los poderosos, y se sabe que el cardenal Mendoza donó la antigua sinagoga a un pariente suyo, don Pedro Lasso de Mendoza, que en 1494 la ofrecía en venta por veinte mil reales.
El 15 de febrero de 1496 el Cabildo manda “se dé al señor Pero Laso parte de los maravedíes que se le han de dar de la venta de la sinoga”.

Bibliografía:
[1] Francisco Cantera "Sinagogas españolas", Madrid 1955
[2] Francisco Cantera y Carlos Carrete "Las juderías medievales en la provincia de Guadalajara", Madrid 1975
[3] Francisco Javier Dávara Rodríguez "La judería medieval seguntina", Anales Seguntinos, Vol. I, n. 2, Sigüenza 1985
[4] Marcos Nieto "Las sinagogas de Sigüenza", Madrid 1998
[5] Jose Antonio Gómez Gordo "Sigüenza. Historia. Arte. Folkore", Sigüenza 1978
[6] José Luis Lacave "Juderías y sinagogas españolas", Madrid 1992
[7] Javier Castaño González "Las comunidades judías en el obispado de Sigüenza en la Baja Edad Media: transformación y disgregación del Judaísmo en Castilla a fines del Medievo", Tesis Doctoral, Universidad Complutense de Madrid, 1994

lunes, 7 de enero de 2013

La Aljama de Medinaceli

La localidad Soriana de Medinaceli fue conquistada en el año 153 a.c. por las tropas romanas, según cuentan las crónicas del historiador Apiano; los romanos someten a los moradores celtíberos de Occilis, convirtiendo este enclave en un punto importante para el  control de la vía que unía Caesaraugusta (Zaragoza) con Emerita Augusta (Mérida), a través de Toletum (Toledo) y otras secundarias que la unían con Tiermes, Uxama (Osma) y Numancia. Su localización en lo alto de un cerro la hacía poder controlar este paso por el valle del Jalón. La presencia romana en Medinaceli, queda bien constatada con el impresionante Arco, parte de la muralla, restos de la calzada o mosaicos y elementos decorativos que salpican la localidad y que ha sobrevivido a las acometidas del tiempo.


Fueron los romanos los primeros que empezaron a explotar las salinas de la zona, construyendo las primeras albercas para la obtención de sal, moneda de cambio de aquel entonces, y algo que marcará la historia de Medinaceli hasta casi el siglo XXI.  
No es hasta la invasión musulmana, cuando Medinaceli vuelve a adquirir cierta importancia. De hecho, el nombre de la ciudad que ha llegado hasta nuestros días tiene un claro origen árabe; las crónicas árabes la denominan Medina Talmeida (ciudad de la mesa) y después Madinat Salim (ciudad fundada por Salim ibn Waramad), de donde derivará a Medinaceli. De estos topónimos surge la extendida leyenda que cuando Tariq derrota a Rodrigo en la Batalla de Guadalete, la legendaria Mesa de Salomón es llamada a Medinaceli, adquiriendo por eso el nombre de la Ciudad de la Mesa, o que Madinat Salim es una deformación de Madinat Shelim, Ciudad de Salomón, en clara alusión de nuevo a la Mesa de Salomón.
Ante el avance de las tropas cristianas a finales del siglo IX, Medinaceli se convierte en la capital de la “MarcaMedia”, quedando las fronteras establecidas a lo largo del río Duero. Desde aquí, Galib como Almanzor lanzan campañas y razias hacia las tierras cristianas, protegiéndose en Medinaceli por su fuerte carácter defensivo casi inexpugnable. Con la caída de Toledo en 1085, Medinaceli se convierte en el único bastión musulmán que aun perdura  del otro lado del Tajo. No fue hasta el 1123 en el que Alfonso I de Aragón, llamado “El Batallador” toma la ciudad. De esta época, aun perduran una parte de las murallas, el Arco árabe y la Alcazaba.



La etapa medieval deja la huella más profunda, destacando el trazado de las calles y las casas blasonadas, así como el Palacio de los Duques de Medinaceli que preside la gran Plaza Mayor con soportales donde también se sitúan la Casa del Consejo y la Alhóndiga.


La primera noticia de la existencia de judíos en Medinaceli se extrae de un documento fechado en 1187, en el que se describe como un judío local, se compromete a recoger la sal y entregar la mitad al arcediano de Sigüenza, y como transcurridos cuatro años, tuvo que entregarlo todo a la catedral. Y es que como indica el gran hebraísta Francisco Cantera Burgos, las actividades principales de los judíos en la provincia de Soria fueron las de prestamistas, arrendadores de rentas, cobradores de las mismas, mercaderes (especialmente en el comercio de lanas, paños y ganados) y de salineros en Medinaceli.


View La Judería de Medinaceli in a larger map

La judería de Medinaceli se puede situar en la proximidad de la muralla, al noreste del entramado urbano, entre el Palacio Ducal hasta  a la Iglesia o Beaterio de San Román, teniendo como vía principal la calle de San Román, antigua calle de la Sinoga o Sinagoga, y es que esta calle que parte de la misma plaza mayor llega directamente hasta esta iglesia, razón esta por lo que se ha identificado desde un principio como la posible antigua Sinagoga de la villa y por los estudios de autores como Blas Taracena, José Tudela y Francisco Cantera.



Aunque no existe documentación escrita, si se observa que la planta de la Iglesia de San Román es muy diferente a las de construcciones de su época, de estilo románico, y si que responde a la tipología de las sinagogas que se edificaron los templos judíos de esa época. De planta rectangular, sin ábside ni presbiterio, se distribuye en tres naves separadas por gruesas columnas sobre las que descansan bóvedas de crucería, lunetos y cúpulas hemisféricas y elipsoidales, todo ello desgraciadamente revestido y oculto con yeserías. En julio de 1980 se descubrieron restos de los siglos XIII-XIV y se observó claramente que sobre ellos estaba una viguería de otro templo anterior que debió ser la sinagoga, y de los que se conservaban cuatro arcos apuntados que fueron cerrados en el XVIII.



El exterior es de piedra con tres contrafuertes en talud que parecen soportar el empuje de muro, con una puerta de acceso de medio punto y ventanas adinteladas distribuidas sin lógica por los muros. Sólo una espadaña de estilo renacentista nos indica de la función que tuvo hasta hace poco. El historiador Nicolás Rabal informa que dejó de ser parroquia a mediados del siglo XVI. Posteriormente se convirtió en Beaterio manteniendo su culto hasta el último tercio del siglo XX, cuando la congregación de jerónimas que lo habitaba, se trasladó a tierras andaluzas.
En la actualidad debido a su estado, no es posible su visita.


Junto al Beaterio de San Román, se puede visitar una nevera que para unos es árabe y para otros judía por estar situado en este barrio.


En 1124 Alfonso I “el Batallador” concede elFuero de Medinaceli. La única alusión a la población judía en este fuero es la que indica que “Vecino non tenga voz si non de moro o de judío” que se interpreta como la superioridad del cristiano sobre los hombres de las otras religiones. Existió durante la edad media la obligación de que fueran los judíos medinenses los encargados de reparar la muralla desde el arco romano hasta la Puerta de la Coz (Hoy en día desaparecida). En 1248 nacía en esta villa el gran cabalista Yosef ha-Qatán bar Abraham Chiqatela, más conocido como YosefChicatilla,  autor de Ginnat’egoz y del Shaaré Orá, y escribió sobre los atributos de Dios, los nombres divinos y las Sefirot. Fue llamado el “divino cabalista” y considerado un taumaturgo.
Hoy en día, la totalidad de esta parte de la villa ha desaparecido bien por el abandono o ha sido sustituido por construcciones más recientes. Incluso parece que la judería estuvo separada del resto de la villa, pues hay documentos que mencionan la existencia de un vano de paso o arco, llamado “sassa juderías”, pero que hoy se desconoce su ubicación.


Aunque las juderías sorianas no llegaron a tener un gran protagonismo durante los últimos años de los judíos en Castilla, llama mucho la atención el elevado número de judeoconversos y judaizantes que incluso antes de la firma del edicto de expulsión habitaban en las localidades sorianas de Almazán, Berlanga de Duero o Medinaceli, con un alto número de autos de fe y juicios por parte de la inquisición en esta parte de Castilla. En los repartimientos de Medinaceli, se constata que durante los últimos años antes de su expulsión, el pago fue similiar al de las juderías de Sigüenza o Atienza.

Bibliografía:

[1] Juderías medievales en la provincia de Soria. Cantera Burgos, Francisco. Homenaje a Fray Justo Pérez de Urbel, Silos, año 1976, páginas 445 a 482.
[2] La comunidad judía y losprocedimientos judiciales en la Baja EdadMedia. Fernando Suárez Bilbao. Profesor del Colegio Universitario Ramón Garande. Universidad Complutense