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sábado, 7 de septiembre de 2013

La Aljama de Guadalajara (I)

La ciudad de Guadalajara, como ha ocurrido en tantas otras localidades de la península, poco tiene en la actualidad que mostrar sobre su esplendoroso pasado. Es por este motivo que muchos autores han llegado a comentar de Guadalajara que, por haber sido tierra fronteriza y escenario de conflictos y guerras, ha sido una ciudad con mala suerte. Se suele decir que la ciudad alcarreña tiene más gloria en los libros que recogen las crónicas de su pasado que en lo que hoy en día atesora y que no podemos ver, y sin duda alguna, uno de esos tesoros que no podemos ver es la huella judía en la ciudad.

 
El origen del nombre de la ciudad de Guadalajara es aún muy discutido, pues aunque se sabe con certeza que fue asentamiento árabe desde prácticamente el siglo VIII, los historiadores no se ponen de acuerdo si con anterioridad ya había en esta zona del valle del Henares un asentamiento íbero, de nombre “Arriaca”, topónimo de la posible voz vascuence “Arriaka", río de piedras o camino de piedras (visto que “harri” significa piedra en vascón) y de la que hasta el momento no hay constancia arqueológica.

Casualmente esta denominación íbera es en la que se basan los árabes para llamar al río que bordea a la ciudad y que daría nombre a esta, Wād al-ḥaŷara, que derivaría una vez castellanizado en Guadalajara, y que significa “río de piedras”, haciendo referencia a la abundancia de cantos rodados en su lecho o bien, como “Valle de los castillos" o "Valle de las fortalezas” nombre que Mahmud Ali Makki le daría por la voz árabe “ḥaŷara”, que pudiera traducirse como edificio fuerte hecho de piedras, es decir, fortaleza, ya que está claro que desde Sigüenza hasta Alcalá de Henares, el río estaría salvaguardado por numerosos castillos durante toda la edad media. Sin embargo, hay que aclarar que desde la invasión árabe hasta, al menos el siglo X, tal como consta en las crónicas de Ahmad Al-Razi, la ciudad sería conocida por el nombre de “Madīnat al-Faray”, ciudad del mirador o del farallón, de la palabra primitiva faray, debido a que la ciudad se situaba sobre una zona rocosa sobre el río Henares. Otros autores consideran que la ciudad se nombraría como “Madīnat al-Faray” en honor a su fundador, Faray.

La antigua Madīnat al-Faray se establecería en un pequeño montículo entre dos barrancos, el Alamín y el Coquín (hoy desaparecido por el crecimiento urbano de la ciudad), que condicionarían más tarde la forma de la ciudad hacia el sur y le servirían como defensa antes incluso de la construcción de las murallas, de las que hoy pueden visitarse sólo algunos torreones y verse algún lienzo.



Al norte, y como entrada desde la vía que ya desde época romana unía Complutum con Segontia, es decir, Alcalá de Henares con Sigüenza, se construye el puente del Henares, que de origen árabe (no se sabe si sobre uno romano anterior), que es la obra más antigua conservada en la ciudad de Guadalajara junto con el Alcázar, y que ha sido siempre la entrada natural a la ciudad alcarreña.


Entre el puente y el Alcázar, extramuros, podemos encontrar la primera huella de la presencia judía, que aunque no visible, si ha quedado documentada en las crónicas de la ciudad medieval (1461). Y es que a los pies del Alcázar, en los terrenos comprendidos entre este y el puente sobre el Henares, se encuentra el llamado “Campo del Osario”, donde los judíos pudieron tener su cementerio durante toda la edad media Desgraciadamente el desarrollo urbanístico del Barrio de la Alcallería o de Cacharrería, llamado así por albergar los talleres de los alcalleros o cacharreros, y el Hospital Provincial no permiten por el momento, cualquier actuación arqueológica sobre la zona. Otros autores, como Juan Catalina García, localizan la necrópolis judía en el llamado “Castil de los Judíos”, donde hoy se encuentra, casualmente, el cementerio municipal, frente de la desaparecida puerta de Feria o torreón de Alvarfáñez, al otro lado del barranco de San Antonio y no muy lejos de esta zona, y es que la tradición local señala que los judíos habitaban extramuros de la ciudad con anterioridad a la conquista cristiana de Guadalajara.


De ser esto cierto esto, parece que esta judería primitiva extramuros fue abandonada mucho antes incluso que la entrada de los cristianos en la ciudad, pues testimonios conservados del siglo XIII documentan a numerosas familias viviendo en el entorno donde se construiría a finales de esa centuria el convento de Santa Clara (En la confluencia de las calles de Miguel Fluiters y Teniente Figueroa), ya en la ciudad.

A través de la desaparecida Puerta de Bradamarte, se accedía desde la 
Alcallería a la ciudad, a la sombra del antiguo Alcázar, hoy cerrado al público por unas obras de restauración que parecen nunca acabar. El Alcázar es uno de los pocos restos que quedan de la antigua Wād al-ḥaŷara. Sería en un barrio no muy lejano al Alcázar donde los judíos habitarían en la ciudad hasta su expulsión.



No se sabe, como en muchas ocasiones hemos hablado, cuando se asentó la comunidad judía en esta ciudad, pero parece que la invasión de la península por las tropas musulmanas, encabezada por Tarik y Musa, trajo consigo una importante población que, o bien acompañaban a las tropas árabes, o bien ya habitaban en la península y se movieron al abrigo de la protección que estos les daban frente a los visigodos. A las comunidades judías se les encomendó la administración y defensa de la plaza, mientras el ejército árabe continuaba su conquista rumbo al norte, y posiblemente supusieran la primera población en Guadalajara. Fuera esto cierto o no, sí que es verdad que durante el periodo de dominación árabe en Guadalajara, entre los siglos VIII al XI, la colonia judía fue numerosa e influyente, sin que se pueda concretar si además del llamado “Castil de los Judíos”, la población judía se ubicara, como he comentado, en una parte concreta de la ciudad.

El dominio andalusí de la ciudad duró casi cuatro siglos, hasta que a finales del siglo XI pasó a manos de Alfonso VI de Castilla, aunque con anterioridad ya había sufrido algún saqueo por parte de Fernando I de Castilla a finales del año 1050. Fue Álvar Fáñez, lugarteniente de El Cid, el que dirige a las tropas castellanas en la toma de la ciudad en la primavera de 1085. Cuenta Alvar Fáñez en sus crónicas, que cuando entró en la ciudad, halló que en ésta moraban juntos musulmanes y judíos sin problemas. La conquista cristiana permitió en estos primeros años del siglo XI, un respeto a las costumbres y tradiciones tanto de musulmanes como a los hebreos. 
Precisamente, en los siglos de la Edad Media, bajo dominio cristiano en la ciudad, fue cuando los judíos de la ciudad arriacense adquirieron un mayor poder económico y pudieron desarrollar una intensa vida cultural, lo que no significa que no fueran objeto de numerosos abusos por parte de la población cristiana.


En el 1133, Alfonso VII, concede a la ciudad un estatuto para regular la vida de la Ciudad y Tierras de Guadalajara, el llamado “Fuero Corto”, en el que se recogen leyes para establecer el desarrollo económico y el establecimiento de las reglas de convivencia entre cristianos, mudéjares y judíos. En este primer fuero, los judíos son equiparados totalmente a los caballeros para la debida defensa de la ciudad, y, de esta manera, se reconoce a los judíos como pieza fundamental del sector económico y cultural de la ciudad. Según este fuero arriacense, los dos tercios de los judíos varones y en edad propicia, deberían acompañar al rey en sus campañas. El resto protegería la plaza de posibles ataques y se encargaría de recaudar las rentas de la Corona. Posteriormente en el 1219, en el llamado “Fuero Largo,” el rey Fernando III concede a la ciudad alcarreña una ampliación de su jurisdicción y se establece un nuevo organismo de gobierno, el concejo de la ciudad, pero, sin embargo, esta nueva normativa no vino acompañado de un aumento de las regulaciones y libertades sobre las poblaciones judías o mudéjares.

Durante el reinado de Alfonso X, la protección del rey aseguró el desarrollo económico de la población, mediante la defensa de sus comerciantes y la autorización de sus ferias y mercados, lo cual supuso una gran ventaja para la población judía que ya copaba parte del sector comercial. Se sabe que la aljama de Guadalajara en 1290 pechaba durante el reinado de Alfonso X con 16.986 maravedíes.
Más tarde, y posiblemente como presión de la iglesia católica, un documento fechado en 1293 y firmado por el rey Sancho IV, dispone que los judíos y “moros” de Guadalajara no pudiesen cobrar más del tres por ciento de interés en los préstamos que realizasen. 


Durante el siglo XIV, parece que la población judía de Guadalajara no sufre demasiado, a diferencia de otras aljamas, durante los asaltos de 1391; posiblemente el establecimiento en la ciudad de la familia Mendoza, cuyo destino marcaría en adelante, protegería  a la comunidad hebrea de estos ataques. Sin embargo, esto no quiere decir que se sometiera a la aljama a mayores presiones fiscales. En el año 1444, por ejemplo, la comunidad no pudo pagar más que la tercera parte de sus impuestos, a causa de problemas de malas cosechas y malos negocios, por lo que el rey Juan II trató de paliar la situación, autorizando a los conversos a ser tratados en igualdad de condiciones que los cristianos, medida que utilizada para fomentar las conversiones. Otro ejemplo de este incremento de la presión económica se produce en mayo de 1454, cuando el concejo de la ciudad de Guadalajara decide que las "[...] aljamas de judíos y moros desta dicha çibdad debían ayudar en la costa de la fiesta del Corpus Christi de este año [...]".


Ver La Judería de Guadalajara en un mapa más grande

Dentro de la ciudad, la judería parece que ocupó el barrio hoy comprendido entre las calles Ingeniero Mariño, limitando con las murallas sobre el barranco del Alamín, Dr. Benito Hernando al sur que la separaría de la aljama mudéjar y la calle Miguel Fluiters, aunque no se tiene constancia que la judería estuviera separada del resto de la ciudad por murallas interiores. Es en esta parte de la ciudad, entre las calles que forman este barrio, donde queda el único vestigio que hoy podemos encontrar de la presencia judía en la ciudad, la calle de la Sinagoga.


Y es que se sabe con certeza por documentación de la época, que en 1492, existían en la aljama judía de Guadalajara al menos cuatro sinagogas: La sinagoga “Mayor”, la de “Los Matutes”, la del “Midras” y la de “Los Toledanos” según se enumera en el recibo de “bienes comunes que los cabildos e cofradias e aljama de los judíos de la cibdad de Guadalajara tenian e dexaron” al tiempo de la expulsión, en el que además se hace una relación de elementos confiscados, como “lámparas de las sinogas”. En un documento de 15 de abril de 1290 se certifica la venta a “las freyras del monesterio de Santa Clara de Guadalfaiara” de ciertas casas de Samuel Camhy y su esposa, sitas en la collación de San Andrés y lindantes de una parte con otras que fueron de Fernando Peres, “e de la otra la casa que fue sinoga”, de la otra, casas de Munno Ferrandes, y de la otra, la calle, lo que revela la existencia de una quita sinagoga, la sinagoga vieja, que para esa fecha, quizás por cambio de emplazamiento del barrio judío, ya había dejado de utilizarse como templo hebreo.


La llamada Sinagoga Mayor, estaría situada en los alrededores de la calle Ingeniero Mariño, en la parte más baja de lo que hoy abarcaría la judería, junto a la muralla, sin saber con certeza su situación exacta, en donde tras la expulsión se llamó Barrionuevo, así como su cofradía y cuatro casas que circundaban a aquélla, según se refiere en una escritura del 27 de mayo de 1492, diciendo: “quatro pares de casas que estan juntas e al derredor e espaldas de las casas que disen de Sant Pedro e Sant Pablo, que antes solian ser synoga mayor de los judíos”.
En documentos de la época, se hace mención que cuando Don Antonio de Mendoza compró casas y patios para construir su palacio (en la actual Ingeniero Mariño), al ampliarlo su sobrina doña Brianda de Mendoza para el Convento de la Piedad, tuvieron que negociarse las compras con numerosos judíos, habitantes del barrio.


También en el recibo de “bienes comunes", se nombra la “sinoga de los Matutes”, llamada otras veces “sinoga vieja de los Matutes”, y varias casas limítrofes. En una crónica del 17 de agosto de 1490 de Çulema Asayel, dice que “en nombre de la synoga que disen de los Matutes... e los onbres buenos que disen orasion en ella” da en censo perpetuo “una parte de casa” que poseían en la colación “de la iglesia de Sant Gil que ha por alledannos de la una parte otra parte de casas que solia estar junta con la dicha parte de casas que la tiene agora a censo de la synoga mayor... don Huda Ajajes”. Esta llamada Sinagoga de los Matutes estaría situada en lo que hoy es la Plaza de santa Clara, en el solar que hoy ocupa una Caja de Ahorros, junto a la Iglesia de Santiago. Casualmente, si se visita dicha Iglesia, se notará que debe descenderse bastante en su interior para llegar a la base, lo que podría ser muestra de que dicha iglesia estuviera construida sobre los cimientos de la sinagoga, ya que sabemos que durante toda la edad media, las sinagogas no podían sobrepasar en altura a los templos cristianos, por lo que se construían en niveles inferiores al nivel de la calle, para poder hacerlas amplias.



La “sinoga que se dise del midras” estaría en las confluencias de las calles de Ingeniero Mariño y la Calle de la Sinagoga y es de las cuatro de la que menos se conoce, pues poca documentación ha llegado hasta nuestros días.


Respecto a la llamada “sinoga de los Toledanos”, por la copia de un documento en el Archivo General de Simancas, en el Registro General del Sello de Corte dado por los Reyes Católicos en Zaragoza a 10 de septiembre de 1492, se sabe que éstos la donan a los frailes mercenarios del convento de San Antolín, para que hagan en ella una enfermería: “para reme­diar tan grande necesidad como teníades, vos fiziésemos merced de la Sinoga, que se llama de los Toledanos, que los judíos de la dicha Ciudad dexaron, al tiempo que salieron destos nuestros Reynos, donde pudierdes fazer casa de enfermería para que los dichos religiosos se curasen…”. 



Pocos años antes, en 1472, el comendador de dicho convento­ de San Antolín, fray Diego de Muros, junto con el prior del mismo, fray Fernando de San Gil hace censo de unas casas de Guadalajara, propiedad del cirujano hebreo de Guadalajara, don Huda Correr. También, y con fecha del 8 de septiembre de 1473, hace escritura de traspaso "que Abrahem Almafloz, judío sastre, hijo de don Jucaf Almafloz, judío sastre" a dicho convento (fols. 119 v. y 125 v. de dicho ms., respectivamente)
En otro documento de la Biblioteca Nacional de Madrid, Manuscrito 2684 folio 110, el cronista fray, Felipe Colombo escribe de su puño y letra, en el margen de este documento que "esta sinagoga estaba dentro de la ciudad y junto a las casas de don Melchor Calderón", lo que la sitúa entre la actual cuesta de Calderón y en la calle de Benito Hernando esquina a Juan Catalina, donde se edificó el convento de la Piedad, ahora convertido en Instituto de Enseñanza Media.




Como última etapa de este paseo por la judería de Guadalajara, hay que visitar de manera obligatoria, aunque sólo para apreciar la arquitectura civil renacentista de este edificio, el Palacio del Infantado. En él, hoy en día se encuentra el Museo Provincial de Guadalajara, donde, entre otras piezas, se pueden encontrar varias procedentes de las excavaciones arqueológicas del "Prao de los Judíos" de Molina de Aragón, como monedas, collares y otros elementos decorativos.




Bibliografía:
[1] Las juderías medievales en la provincia de Guadalajara F. CANTERA BURGOS y C CARRETE PARRONDO,(Madrid1975)
[2] La Edad Media en Guadalajara y su provincia: Los judíos. G.VIÑUALES FERREIRO. Diputación de Guadalajara, 2003.
[3] Espacios de coexistencia entre moros y judíos en Castilla en la Edad Media: las fiestas G.VIÑUALES FERREIRO Universidad Rey Juan Carlos de Madrid
[4] Registro General del Sello de Corte, folio 28 del 10 de Septiembre del año 1492

sábado, 9 de febrero de 2013

La aljama de Berlanga de Duero

La Villa de Berlanga de Duero se situó en un lugar privilegiado desde un punto de vista estratégico durante la reconquista, ya que está en la entrada de las sierras que limitan la meseta castellana de Soria y la Alcarria. Por eso, durante la edad media fue un lugar muy codiciado tanto por las tropas musulmanas, ya que desde allí podían lanzar sus correrías por la llanura, como por los cristianos en su camino hacia el sur de la península.




Pero la antigüedad de Berlanga deDuero se remonta a época romana, en la que se funda la colonia con nombre “Augusta Valeránica” en honor al emperador Valerio, aunque hasta la fecha no se han encontrado restos arqueológicos que sustenten este origen. De este nombre evoluciona al actual, Berlanga, tal como escribe el arzobispo Jiménez de Rada, quien al referirse a la villa, siempre repetía: "Valeranicam quae nuc Berlanga dicitur".

Parece que durante la época de dominación visigoda la población no tuvo mucha importancia, ya que no es hasta finales del siglo X cuando se tienen noticias del Castillo de Berlanga que formaba parte de la línea defensiva de fortificaciones musulmanas junto con la fortaleza Califal de Gormaz, la atalaya de Rello o las fortalezas de la Riba deSantiuste o Atienza.


Indica Juan Manuel Bedoya en sus Memorias históricas de Berlanga que cuando se produjo la invasión invasion árabe “cu Uerlauga quedaron mezclados con los cristianos no sola, moros sino tambien judíos que poco á poco se fueron unos y otros conviniendo ínnes- 1ra sania fe, unos de corazon y otros fingidamente desde que á lUlimos del siglo XV los comenzó á perseguir el nuevo tribunal de la inquisicion desconocido antes en Castilla”. Lo que nos indica que ya en época de dominación visigoda, y quien sabe si antes, ya existía población judía en Berlanga.

Por la situación de estar entre fronteras, Berlanga es saqueada y destruida durante un largo periodo de tiempo tanto por tropas musulmanas como por cristianas, quedando prácticamente asolada y en muchas ocasiones despoblada.

Tras la conquista por Almanzor de la orilla sur del Duero, Berlanga fue de nuevo habitada por musulmanes hasta que Fernando I de León y Conde de Castilla la vuelve a conquistar lanzando sus tropas desde el Castillo de Gormáz tras la huida de los árabes que por miedo a ser sitiados, abandonan la población.




Parece que Berlanga fue de nuevo tomada por los musulmanes hasta su conquista definitiva por Alfonso VI en 1080, preludio de la conquista de Toledo y el fin de la marca, y que la donó al Rodrígo Díaz de Vivar, "el Cid" en 1089, según cuenta el Padre Minguella: " El Cid fue el primer señor de la villa al serle entregada por Alfonso VI por juro de heredad”. 


l Cid, como primer "alcaide" cristiano de la villa, permitió la repoblación de la villa por judíos y moriscos, siendo protegidos por él, pero no fue hasta que la villa pasara a las manos aragonesas de Alfonso I de Aragón en 1108 cuando la repoblación se hizo más efectiva, al igual que el resto de tierras sorianas.

Parece que fue en este momento en el que se empezó a conformar la comunidad judía de Berlanga, que en el siglo XIII llegó a sostener hasta cien familias. En los repartimientos del «servicio y medio servicio» de los judíos de Castilla de 1484, 1485, 1490 y 1491 en la Villa de Berlanga se recaudan entre 500 a 1000 maravedíes, lo que nos indica claramente que la comunidad hebrea en la población no fue de un tamaño demasiado grande en comparación a las cercanas de San Esteban de Gormaz, Medinaceli o Sigüenza, y, casi la cuarta parte que la de Almazán, pero muy superior a la de Burgo de Osma. Cuando se analizan estos datos siempre hay que aclarar que no existe una relación lineal entre el aporte y la población, y que en bastantes ocasiones se dio que grandes aljamas aportaron menos que otras de menor población, por lo que la comparación debe hacerse de manera relativa. Según Valero Hernández, en 1490 vivían unas ciento cincuenta familias judías en esta villa.

También hay que indicar que esta aljama solía tributar con los judíos de Fuentepinilla y de Tajueco, por lo que el número de familias judías en Berlanga es aun inferior a la que podría parecer en un primer instante. Hay documentación que además indica que hacia 1470 familias judías de estas tres localidades fueron a vivir a otras localidades cercanas, como Andaluz, Velamazán y Atienza. Esto además, puede ser una de las razones por las que el apellido Yubero, de claro origen judío por la deformación de Yudería a Yubería y de ahí Yubero al perteneciente a esa Yubería, esté muy extendido en esta comarca.


La judería de Berlanga de Duero, según relatan Blas Taracena Aguirre y José Tudela de la Orden en el libro “Guía artística de Soria y su provincia”, se extendía, pasada la puerta de Aguilera, desde el llamado Mirador de las Monjas (que podría ser el Convento de las franciscanas concepcionistas, aunque este no fue construido hasta bien entrado el Siglo XVI) hasta el Jaráiz, o sea, el lagar, que podría ubicarse en el extremo sur de de Berlanga, sin que sepamos tampoco su situación exacta. 



Lo que sí está claro es que la judería ocupó una zona en la que hoy en día se conservan calles cuyos topónimos nos permite ubicarla. Las calles de Yubería Baja y Yubería Alta son dos de las calles que sin lugar a dudas nos evocan a la comunidad judía, tal como hemos comentado antes.


Ver La Judería de Berlanga de Duero en un mapa más grande

Estas calles además, están muy próximas al convento de franciscanas concepcionistas, donde según Valero Hernández se ubicó la sinagoga sin que se haya confirmado ni documental o arqueológicamente hasta la fecha esto.



Mientras duró la tolerancia, desde la promulgación de las Siete Partidas en el Siglo XIII durante el reinado de Alfonso X, la comunidad judía vivió en una relativa calma con el resto de población cristiana y morisca en Berlanga de Duero. No hay documentada ninguna agresión de importancia a esta comunidad durante el Siglo XIV o el Siglo XV, aunque es probable que hechos como los ataques de 1391 a comunidades judías pudieran haberse producido.

Ya hemos comentado que aunque la población judía en la provincia de Soria no fue muy numerosa, hay un dato bastante interesante, y es que si fue alto el número de procesosinquisitoriales por judaizar que se dieron en la provincia tras la expulsión de 1492. Casi 600 casos procesos inquisitoriales se dieron durante el siglo XVI entre las villas de Almazán, Medinaceli y en la propia Berlanga casi una cincuentena, entre 1492 y 1539, según Francisco Cantera Burgos, entre ellos el de María Nuñez

De origen gótico para marcar el carácter de villa, y presumiblemente utilizado durante las ejecuciones inquisitoriales, hay a la entrada de Berlanga, en la zona llamada eras de la Soledad, una picota o rollo con el escudo de la villa. 


Cuenta Juan Manuel Bedoya en sus Memorias históricas de Berlanga que aún en 1775 se podían ver en la Colegiata lienzos, o sambenitos, que tapizaban el muro de la puerta norte donde se podían leer los nombres, apellidos y fecha de los judíos condenados por el tribunal de la Inquisición. Sin embargo, Florentino Zamora, refiriéndose a esto, relata que dichos lienzos, debido a que eran motivo de burla para los vecinos cuyos antepasados fueron objeto del tribunal de la Inquisición, lograron que estos acabaran en la hoguera, perdiéndose sin duda esta fuente documental para el estudio de la población conversa de la villa y de la provincia de Soria.


Bibliografía:
[1] El pasado judío deBerlanga de Duero. Ricardo Muñoz Solla. Convivencia de culturas y sociedades mediterráneas, 2004, ISBN 84-9769-069-9 , págs. 75-90.
[2]  Encuentros Judaicos de Tudela (5. 2002) Cristianos, judíos y moros en Berlanga de Duero. Francisco J. Jiménez Caraballo. Celtiberia, ISSN 0528-3647, Año nº 54, Nº 98, 2004 , págs. 41-62. 
[3] Guía artística de Soria y su provincia. Blas Taracena y José Tudela. Madrid. Revista de Occidente, 1962.

sábado, 22 de diciembre de 2012

Los Judíos en la Villa de Hita

De la gran villa medieval que fue Hita, hoy queda prácticamente poco, algún vestigio de la muralla (en parte restaurada), y una zona del casco urbano. La villa ha padecido siglos de abandono y destrucción; el antaño gran castillo del Marqués de Santillana fue abandonado, al igual que la zona alta del cerro que domina la población y el valle del Henares, y que tuvo, por así decirlo, su remate final durante la Guerra Civil, en la que además, prácticamente el resto de la villa fue arrasada durante los duros enfrentamientos que aquí tuvieron lugar.



La zona de Hita, y en especial su cerro, que domina todo el valle del Henares desde Jadraque hasta la misma capital Alcarreña, tuvo presencia romana, donde instalaron un puesto de vigilancia que controlaba la via que unía Mérida (Augusta Emérita) con Zaragoza (Caesara Augusta), y que sería la misma que pasaría por Toledo (Toletum), Alcalá de Henares (Complutum) y Guadalajara (Arriaca). 
Durante la dominación árabe, parece que la torre vigía es ampliada, pero no se sabe con seguridad si esta lo fue a un alcázar. Es presumible que durante la dominación árabe ya existiera cierta población judía.
En el año 1085 Hita pasa a formar parte de la Corona de Castilla tras su conquista por parte de las tropas de Alfonso VI, siendo en este momento en el que se refuerza la fortaleza para evitar las ofensivas musulmanas. Es a partir de esta época bajomedieval en el que Hita alcanza su mayor apogeo y una gran diversidad de población, en la que conviven tanto cristianos, como judíos y musulmanes.



Es además en esta época en la que el mercado lanar de Hita comienza a ser el más importante de la comarca, y una de sus principales fuentes de riqueza junto con la de producción vinícola, estando ambas actividades económicas en manos judías[1]. Es por esta razón, que prácticamente parte de la población judía se asentara en las inmediaciones de la plaza mayor o plaza del mercado (en la actualidad, Plaza del Arcipreste).



Es la plaza de la villa de Hita otro claro ejemplo de plaza porticada, donde, como hablamos en la judería de Alcalá de Henares, durante la edad media, la zona superior se utilizaba como vivienda, y la inferior como taller o comercio, dejando los soportales como zona para el mercado para evitar las inclemencias del tiempo.



La población judía no estaba ubicada en un barrio, sino que al igual que en otras poblaciones, se hallaba entremezclada con la población cristiana y morisca[1]. Existen documentos que evidencian que judíos fueron propietarios de casas en la Plaza Mayor o del Mercado, junto al Adarve y puertas de Hita (Hoy de Santa María) y de Molina, la Calle Real, la Calle nueva y en las inmediaciones del Barrio de San Pedro (junto a la iglesia del mismo nombre).


View Judíos en la Villa de Hita in a larger map


La importancia de la villa y su floreciente comercio es tal que Pedro I instala en el Castillo de Hita uno de sus puestos de recaudación de impuestos a cargo del judío Samuel Ha-Levi, el mismo que mandaría construir en Toledo la magnífica Sinagoga que hoy es conocida como Sinagoga del Tránsito



Otro vestigio del paso de los judíos por la villa de Hita, son las numerosas cuevas-bodegas excavadas en la ladera del cerro de Hita, o llamadas aquí popularmente, bodegos, que aun persisten, y que además, vienen a confirmar la actividad económica que alrededor del vino, sostenía esta población [1].
Estos Bodegos recuerdan por su disposición y número de habitáculos en los que están divididos, a otras de similar naturaleza que existen en localidades como Arnedo (La Rioja), Guadix (Granada) u otras muchas poblaciones españolas. En la actualidad es posible visitar uno de estos Bodegos, reservando previamente.




Por último, cabe destacar que aunque no existen huellas perceptibles en Hita sobre su pasado judío, aparte de los Bodegos, hay documentación que indica que en la villa pudieron existir hasta dos sinagogas. 


A raíz de la expulsión de 1492, Hita perdió una pequeña parte de su población, aunque un buen número de judíos "aceptó" su conversión al cristianismo, o parte de ellos volvieron de Portugal conversos. De entre ellos sobresale la familia de los Baquex [1]

Una última parada en Hita nos lleva irremediablemente a mencionar al Arcipreste de Hita. En la actual Casa-Museo del Arcipreste de Hita, recreación de una casona típica de la villa, además de estar el punto de información turística, se puede visitar una museo de con una interesante colección de piezas arqueológicas desde la prehistoria, hasta el medievo. 




Bibliografía:
[1] Revista Sefarad. "La Judería de Hita". Cantera Burgos, Francisco. Nº 32. Año 1972. Pág. 249-305

Agradecer a K.S su inestimable ayuda y colaboración para obtener fuentes documentales, sin la que esta entrada no hubiera sido posible.

sábado, 26 de noviembre de 2011

La Ciudad de Tamaya (Tamajón)

Tamajón es un pueblo de la sierra Norte de Guadalajara, situado en el extremo meridional del macizo de Ayllón, en la Sierra del Ocejón y uno de los pueblos de obligado paso desde el valle del Jarama hacia la meseta Norte, por lo que constituía parte de la antigua ruta que unía la ciudad romana de Complutum (Alcalá de Henares) con Torrelaguna y ésta con Riaza y Ayllón, ya en Segovia. 


Se tiene constancia por restos cerámicos, óseos y grabados rupestres encontrados en diversos parajes del término de que la zona ya estaba habitada en el Paleolítico, pero no es hasta la conquista del Valle del Henares y Guadalajara por parte de Alfonso VI en el que se menciona Tamajón por primera vez en un documento.


En el siglo XIII, Tamajón paso de unos a otros señores reales, y fue Alfonso X, el sabio, en 1259 el que  que le concedió el privilegio comercial de derecho a mercado todos los martes de la semana, que aparece en una carta plomada que es el documento más antiguo que se conserva en el Archivo Municipal de Tamajón. Otra concesión fue hecha por Sancho IV y consistía en el privilegio de estar exenta de pago de portazgo al igual que el derecho a pastar en toda la sierra de las Ranas o sierra de Ayllón.

La economía de Tamajón en la Edad media se basaba en dos pilares: el comercio y la ganadería, aunque también tenían cierta importancia la agricultura y alguna pequeña industria.

En el siglo XIV Tamajón pasó a pertenecer a la familia de los Mendoza, hasta la desaparición de los señoríos, a principio del S. XIX.

Pero lo que hace peculiar a esta población es una leyenda que ha pasado de generación en generación entre los vecinos del municipio, que cuenta que hace muchos siglos hubo un asentamiento judío, denominado "Ciudad de Tamaya", y que de ahí se cree que proviene su dedicación al comercio. 


En el Libro "Tamajón en su historia" de Jurado Serrano, no se indica nada sobre el origen o la veracidad de la Leyenda de la "Ciudad de Tamaya" pero si menciona la existencia de población judía hacia finales del siglo XV cuya aljama dependía de Uceda y que podría estar en ese pueblo desde la edad media.


Según la leyenda, con la destrucción del segundo templo y de Jerusalén por parte de los romanos en el 70 d.c. y la segunda diáspora, parece que un grupo de judíos se instaló en la provincia romana de Hispania y fundaron la Ciudad de Tamaya donde ahora se encuentra el municipio de Tamajón.


El Académico Antonio Herrera Casado, comenta en su trabajo sobre Tamajón, la leyenda, pero indica que se carece de pruebas o documentos que puedan avalar este origen judío.


En el libro "Historia General de la Iglesia" de Berault-Bergatel, se indica que Tamajón podría ser Tamaya, pero la liga a la Leyenda de "La Mesa del Rey Salomón" de origen árabe.