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domingo, 2 de noviembre de 2014

La judería y Aljama de Bonilla de la Sierra

Ubicada en pleno corazón del Valle de Corneja, entre las serranías que se reparten al sur de la provincia de Ávila, fue ya lugar de asentamiento para distintos pueblos, como vetones, lusitanos y turdetanos, tal como ha quedado demostrado con la existencia de varios yacimientos arqueológicos, como el de Navalterrero, datados entre el 5.000 y el 1.000 antes de la era común, es decir, entre finales del Neolítico hasta la edad del Bronce.

Vista del Valle de Corneja desde Bonilla de la Sierra
No parece que existiera un núcleo poblado hasta la conquista romana, que nacería a la sombra del paso de la calzada romana que partiendo del Puerto de Villatoro atravesaba el valle en dirección a Béjar, y de la que aún hoy pueden contemplarse vestigios. El nombre de la actual localidad, Bonilla, según estudios, es posible que proceda de la derivación del nombre del asentamiento romano de “Bonna Villa”.

De la época del reino visigodo y de la dominación musulmana, al igual que otros pueblos de la zona del Valle del Tiétar y de la Sierra de Gredos, no se tienen muchas noticias, aunque presumiblemente la zona estuvo habitada debido a la riqueza forestal y ganadera. No fue hasta el siglo XI, de la mano de Raimundo de Borgoña, que Ávila y sus territorios experimentan un gran crecimiento demográfico con la repoblación procedente del norte de la península, así como de judíos venidos del otro lado de la marca media, estimulando así el comercio y un auge económico y administrativo. 

Lienzo de la antigua muralla de la Villa
Vista de la Puerta de Piedrahita, única puerta existente de la muralla
Durante el Siglo XII, debido a las continuas incursiones árabes y con el incremento de las tensiones entre la nobleza castellana, la Corona y los Concejos, se conceden estas tierras a los caballeros como premio por sus servicios en la defensa del reino frente a los musulmanes. Es en esta época cuando se cree que se comenzó la construcción de la muralla y del castillo de Bonilla. Más adelante, en el siglo XIII, Bonilla es nombrada como villa de Jurisdicción Episcopal por el Papa Honorio III, junto a Villanueva del Campillo, y alcanza su máximo esplendor político y económico, ya que la sola presencia del Obispo de Ávila garantizaba a su alrededor un gran movimiento de personas que repercutía directamente en la economía y el comercio.

Iglesia de San Martín
Vista del Castillo de Bonilla de la Sierra y del Rollo de la Villa
De las 17 juderías con las que contó la provincia de Ávila (La Adrada, Arenas de San Pedro, Arévalo, El Barco de Ávila, El Bohondón, Bonilla de la Sierra, Candeleda, La Horcajada, Madrigal de las Altas Torres, Mombeltrán, Las Navas del Marqués, Pajares de Adaja, Piedrahita, Villafranca de la Sierra, Villanueva de Gómez ,Villatoro y la propia ciudad de Ávila), la judería de Bonilla de la sierra no fue de las más importantes, aunque en los repartimientos del «servicio y medio servicio» de los judíos de Castilla de 1484,1485,1490 y 1491, la población tributó lo mismo que la de El Barco de Ávila, por lo que se puede considerar que tuvo un tamaño medio.

Se tiene constancia de la existencia de una comunidad judía en Bonilla hacia mediados del siglo XV, cuando logra tener autorización para responder ante sus propios jueces, es por tanto, cuando se le da el título de Aljama.

Es Juan II de Castilla el que más tarde concederá a la aljama el privilegio de realizar importantes transacciones comerciales. Parece que esto junto a una relativa tolerancia por parte de la población cristiana, fomentó la prosperidad de esta zona.  

Vista de la Plaza Porticada de la Villa
Sin embargo, como en otros casos, la certificación de la presencia de una judería en esta localidad, viene de los archivos de los repartos de los bienes inmuebles que la población judía dejó tras su expulsión. Así, en una carta escrita por los RRCC  al corregidor de la ciudad de Ávila y fechada en 1495, se solicita que se haga un recuento de todos los bienes que la aljama dejó a su salida:

“Don Fernando e doña Ysabel [etç].

A vos el nuestro corregidor de la çibdad de Avila, salud e graçia.

Sepades que por parte de doña Ynes de la Sierra, muger de Gutierre Pantoja, nos fue fecha relaçion que ella tenia tres mil e tresçientos e catorze maravedis de juro sobre la cabeça de pecho de los judios de Bonilla de la Sierra e que las perdio por la salida de los dichos judios fuera de los nuestros reynos al tienpo que dellos salieron por nuestro mandado. E nos suplico le mandasemos fazer valer en valençia dellos o preueer de remedio como la nuestra merçed fuese. E nos tovimoslo por bien.

Por que vos mandamos que ayays ynformaçion que bienes comunes quedaron del aljama de los judios del dicho lugar de Bonilla de la Sierra e quien e quales personas tovieron maravedis algunos de juro e de por vida firmados en la cabeça del pecho e serviçio e medioserviçio e carniçeria e vino judiego del dicho lugar de Bonilla e fagades vender e vendades todos e qualesquier bienes comunes que quedaron en el dicho lugar de los dichos judios e los rematades a quien mas por ellos dieren e de los maravedis que fueron vendidos de / llos e repartades a la dicha doña Ynes de la Serra e a las otras personas que asy tovieren juros por rata a cada vno dellos lo que ovieren de aver a respeto de los maravedis de su sytuaçion. E de los dicho vienes que asy se vendieren e conpraron a cada vno repartido en la manera que dicha es, e les fasemos merçed e graçia e donaçion pura e perfecta no revocable que es dicha entre biuos en enmienda e satisfacçion del dicho juro sytuado. E fazemos sanos e de paz los dichos bienes comunes a qualesquier personas que los conpraren para que los ayan e gozen dellos e puedan faser dellos e de cada vna cosa e parte dellos todo lo que quisieren e por bien tovieren como de cosa suya propia libre e quita avida de justo e derecho titulo. E a las tales conpradores entregad la posesyon real atual vel casy de los dichos bienes para que no sean dellos despojados en tienpo alguno ni por alguna manera syn primero ser sobre ellos oydos e vençidos por fuero e por derecho ante quien e como devan. Para lo qual vos damos poder conplido por la presente. E no fagades ende al Dada en la villa de Madrid a XXII dias del mes de hebrero etç. Yo el rey. Yo la reyna.

Yo Juan de la Parra secretario del rey e de la reyna nuestros señores la fiz escreuir por su mandado. Rodericus, doctor.”

En cuanto a la localización de la judería en Bonilla, de momento no se han encontrado ni documentos ni restos que atestigüen su ubicación, por lo que todo lo que se pueda indicar son simplemente suposiciones.
Tampoco conocemos cual era la base económica de la población judía, aunque posiblemente, el ganado lanar, así como la industria maderera y el comercio fuesen sus principales fuentes de riqueza.

Ver Judería de Bonilla de la Sierra en un mapa más grande

 Bibliografía:

sábado, 19 de octubre de 2013

Juderías del Valle del Tiétar (V): Candeleda

La villa de Candeleda puede presumir sin duda de tener la judería más estudiada y documentada de todas las del Valle del Tiétar. Esto puede deberse quizás a estar la localidad próxima a otras mayores como Hervás o Béjar y por ser la puerta de entrada sur de la comarca.

Los restos de la primera ocupación humana del Valle del Tiétar se hacen muy patentes en esta localidad, ya que en zonas como el Risco de la Zorrera se han hallado pinturas rupestres. Durante el período prerromano la zona estuvo habitada por los vetones, ocupando zonas altas cerca de los cauces fluviales. El yacimiento arqueológico del Castro del Raso, un importante poblado vetón, confirma este hecho. 


Sin embargo, parece ser que el definitivo asentamiento humano en la actual Candeleda llegaría con los romanos. De hecho, la teoría más aceptada sobre el origen del nombre de la localidad es la composición de una de las acepciones de Candela, flor de los castaños, alcornoques o encinas presentes en el municipio, con el sufijo “etum”, que denota abundancia, con clara alusión a que ya en esta época la zona era rica en árboles frutales y a una de las fuentes de riqueza de la zona, la explotación forestal. Tras la dominación romana, los visigodos se establecieron en la zona del Valle del Tiétar  dejando en la villa restos como la ermita de Postoloboso.

No parece, sin embargo que durante la dominación musulmana, el Valle del Tiétar y Candeleda fuesen un lugar muy poblado. Hasta la conquista de Toledo en 1085, el Valle del Tiétar perteneció a la Marca Media de Al-Andalus, conformando las sierras de Gredos y Guadarrama su frontera natural. Esta tierra fronteriza y escasamente poblada, no se mantuvo, sin embargo, ajena a saqueos y razzias por ambas partes enfrentadas, cristianos y musulmanes.

El avance cristiano hacia al sur provocó la repoblación de la zona y la fundación de la mayoría de las localidades actuales del Valle del Tiétar  dependientes de la jurisdicción de Ávila. Es hacia 1271 cuando se tienen pruebas de la aparición de un núcleo de población en la actual Candeleda. Es en 1393 cuando Enrique III, como en otros casos mencionados como Arenas de Ferréiras (Arenas de San Pedro), Colmenar de Arenas (Mombeltrán) o La Adrada, son segregadas del Alfoz de Ávila y entregadas al señorío de Ruy López Dávalos.


La concesión a Candeleda del título de Villa el 14 de Octubre de 1393 por parte de Enrique III provocaron un aumento de la población durante los siglos XIII y XIV. Coincidiendo con esta repoblación, llegarían a la villa los primeras comunidades judías. No obstante, los ataques sufridos a finales del siglo XIV por los judíos en algunas de las aljamas más importantes del sur del reino Castellano (como las de Sevilla, Córdoba o Toledo), provocarían que muchos judíos se refugiaran en estas villas al cobijo de los grandes señores feudales. Por esto, la judería de Candeleda, al igual que otros pueblos del Valle del Tiétar, alcanzó su mayor esplendor durante el periodo comprendido entre mediados y finales del s. XV. Esto también puede demostrarse a través de las contribuciones que los judíos de Candeleda tributaron, ya que desde los 450 castellanos (1 castellano igual a 485 maravedís) en 1464 pasaron a pechar hasta 3.196 castellanos en 1490.

Parece que en un principio, y por cercanía, la pequeña judería de Candeleda, dependió de la de Oropesa a efectos de pagos de impuestos, pues consta que en 1474 dicha población contribuyó sin los judíos de Candeleda, lo cual da a entender que con anterioridad si lo había hecho y que posteriormente se constituyó en aljama independiente, o bien que luego pasara a depender de la mayor del Valle del Tiétar, la de Colmenar de Arenas (Mombeltrán).

La producción agrícola, fundamentalmente árboles frutales, olivo, vid, fue una de las fuentes de riqueza de los judíos, tal como quedó documentado en 1492 cuando los judíos propietarios de viñas en Candeleda, así como de olivares y diversas especies de cítricos, debieron vender su propiedades. También se dedicaron a las explotaciones forestal y lanar, y a una industria muy importante en la zona como era la apicultura. De hecho, esta actividad está probada a través de un documento en el que se nombra que el judío Salomón Pilaz era dueño de 100 colmenas y una majada en Candeleda para la obtención de cera y miel. 

Los judíos ocuparían profesiones como la de lañadores, cesteros, tejedores, guarnicioneros y tenderos. También ocuparían puestos como recaudadores de impuestos, como los de cobrar los derechos de montazgo del Puerto de Candeleda y del cobro de las rentas de los señores feudales del Valle de Tietar. El citado Salomón Pilaz, junto con otros judíos, cobraba las alcabalas y otros derechos del Conde de Miranda en Candeleda. En los anales está recogido que la labor la llevó a cabo junto con el el después converso Fernand Núñez de Oropesa. En una ocasión, parece que ll importe total a recaudar ascendía a 130.000 maravedís, por lo que para llegar a tal fin hicieron que muchos vendieran sus casas, viñas y huertas, llegando a alcanzar la cantidad de 200.000 maravedís e incluso más. Ante tal exceso, parece que Salomón Pilaz tomó la decisión que en lugar de entregar la totalidad al conde, quedarse con una parte, unos 25.000 maravedís, y huir a Portugal. El conde para resarcirse de ello encarceló a Fernand Núñez de Oropesa en Candeleda y a su mujer la encerró. Fernand Núñez de Oropesa, creyó que siendo bautizado alcanzaría el perdón del Conde, pero cuatro años después, seguía preso en la cárcel de Candeleda.


Está documentado el caso del judío Isaque Caba, recaudador de alcábalas, en 1478 que fue llevado a pleito por el judío Jaco Abelia, vecino de Jaraiz y también recaudador en  la zona del Campo Arañuelo, acusándole de quebrantamiento de compromiso e insultos. Para solucionar el pleito, se propuso como mediadores a otros dos judíos, pero la mediación nunca llegó a producirse porque el judío de Jaraiz huyó a Portugal.
En el año siguiente existe también documentado el pleito iniciado por el procurador fiscal contra Rabí Sento, vecino de Avila, por el cobro excesivo a pastores y ganaderos del tributo por cruzar el Puerto de Candeleda. 

La judería de Candeleda tuvo una extensión bastante reducida. Su ubicación se limitó a lo que actualmente es la plaza del Herreñal y las calles que la delimitan, una configuración que parece estar diseñada para el desarrollo interno de la comunidad y el aislamiento. De esta plaza parten seis calles de manera radial: de la Rosa, de la Luna, del Sol (cambiada posteriormente por el de calle del Hospital), de la Fortuna, de la Moneda y de la Plata, haciendo alusión estas últimas a los comerciantes, prestamistas, banqueros y plateros que tenían sus negocios en estas calles. También parte de dicha plaza la calle de Talavera, llamada así porque desde aquí partía el antiguo camino a  esa localidad, y con la que los judíos de Candeleda mantuvieron estrechas relaciones sociales y comerciales con los judíos de Talavera.


Las calles que rodean el perímetro de las manzanas que forman la plaza del Herreñal son las calles de la Concepción, del Clavel, de la Azucena y de la Amargura. Donde parece que también habitaron, o al menos tuvieron comercios, los judíos.


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En el actual número 14 de la calle de la Amargura se encuentra la Casa de la Judería, antigua Casa de la Inquisición y que por lo que cuenta la tradición dio nombre a la calle porque el camino que debieron recorrer los judíos camino del exilio o los conversos camino del Santo Oficio era amargo.  




La Casa de la Judería, reconvertida en centro cultura, ha respetado la disposición interna de una típica casa de la zona, y celebra en la actualidad exposiciones de artistas de la localidad, así como venta al público de especialidades culinarias típicas de la zona. Sin embargo, no espere de este lugar un centro de interpretación y exposición de la antigua judería de Candeleda.


Parece que la protección que los señores de Candeleda tuvieron sobre los judíos, y el ambiente antijudío que existió en Castilla durante toda la baja edad media, provocaron seguramente más de un episodio de violencia contra éstos. Sin embargo, sólo se tiene constancia documentada de un hecho contra los judíos. Y es que, como cuentan las crónicas, en 1479 Pedro Manrique apresó a Abraham Arauso que acababa de tomar posesión en nombre de los Reyes Católicos de la villa de Puebla de Naciados (Cáceres). y los expuso en la picota de Candeleda para quemarlo. Sin embargo, esto no llegó a producirse por el rescate de 30.000 maravedís que las aljamas judías de varias zonas del reino aportaron. Una vez liberado, Abraham Arauso reclamó justicia ante el Consejo Real  y la devolución del importe por su rescate para poder restituir a las aljamas el dinero.  Fueron los Reyes Católicos quienes obligaron a Pedro Manrique, ante su negativa, a la devolución de la cuantía.

La orden de expulsión impuso a los judíos de Candeleda, el abandono de sus hogares, que siguieron el mismo camino que los del resto del Valle del Tiétar hacia los puertos andaluces y de allí hacia Marruecos, o hacia Portugal. Está muy documentado el retorno de muchos judíos ya convertidos al cristianismo y las denuncias ante el Concejo Real para la devolución de sus bienes.

Bibliografía:

sábado, 27 de abril de 2013

La Aljama de Soria


Hay muchas leyendas que hablan sobre el origen del nombre de la ciudad de Soria, pero hay una expresa el legado judío de la ciudad. Para las primeras comunidades judías, el monte, que albergaría más tarde el Castillo, y sobre el cual, en sus laderas se asentarían más tarde dicha comunidad, tendría un nombre, Oria, que evocaría al monte del Templo en Jerusalén, el monte Moriá.


Este origen del nombre de la ciudad, estaría bastante alejado de donde, según estudios etimológicos, el nombre de Soria proviene. Y es que según las últimas investigaciones, Soria sería una palabra compuesta, de origen vasco, procedente de los pobladores que vinieron a la zona durante la repoblación medieval, hacia finales de la Alta Edad Media o principios de la Baja. Estos habrían dado en llamar a la zona como So-ria, de So (que mira o mirador) y oria, de ur-a (río o corriente de agua). Es decir, El Mirador (o El Mirón) del río, en este caso, el Duero.


Sí que es cierto, tras varios años de trabajos arqueológicos, que los primeros asentamientos en Soria se remontan a la edad de Bronce, en la que en el cerro del Castillo existió un castro celtibérico, restos anteriores incluso a la existencia de Numancia. Parece que durante la época de la dominación romana y visigoda Soria careció de importancia estratégica y comercial, caso distinto al de la dominación árabe, en la que el cerro del Castillo contó con una atalaya o pequeña fortaleza que protegería a la pequeña ciudad que empezó a crecer en el collado, y que sería la base de la actual urbe. 
Pero la importancia de esta ciudad, al igual que la del resto de la provincia, llegaría durante la época de la reconquista, en la que se convertiría en un significativo enclave estratégico por su situación junto al Duero, que marcaría la frontera entre los reinos cristianos al norte y los musulmanes al sur.
 

Fue a comienzos del Siglo XII, cuando el rey Alfonso I el Batallador conquista la ciudad a los musulmanes (1119), permite su repoblación y otorga fueros a la ciudad (1129). Es en este siglo XII y por el articulado de sus fueros donde ya se documenta la existencia de la comunidad judía y donde se establecen la regulación de algunas relaciones entre judíos y cristianos (#108, #109 y #129), pudiendo establecerse que la presencia judía  es, por tanto, anterior a estos fueros, de ahí la necesidad de la regulación.

En los fueros de Soria además se indica que los corredores, los encargados de vender y comerciar con objetos y bienes del concejo, serían nombrados por el juez y los alcaldes bien entre los cristianos o bien entre los judíos (Cap. XI, arts. 109-112). Con este punto, se reconoce (y se protege, como se hace en el título 45) la importancia que la comunidad judía tendría en el comercio en Soria, que giraría en torno a la lana, y por supuesto, al igual que sucedió en el resto de ciudades castellanas, jugaría un papel muy importante en el negocio lanar y en el comercio de esta materia. Según Cantera Burgos, las actividades económicas principales de los judíos de la provincia de Soria fueron, además de las de mercaderes en el comercio de lanas, paños, ganados y tenerías, las de prestamistas, arrendadores de rentas y cobradores de las mismas. 
Sin embargo, no todo el articulado de los fueros era proclive a la comunidad judía. En varios títulos (Tit.28/13) se excluía del marco de garantías a los que profesaban otra religión distinta al cristianismo, aunque el fuero mostraría en mejor situación a los judíos al frente  de actividades relacionadas con el comercio que a los musulmanes, que aparecen como siervos y dependientes en grado de semiesclavitud (Tit. 11/3; 12/1).
Pese a que a medida que avanza la edad media, las fronteras se van alejando hacia el sur debido al empuje de los reinos cristianos sobre los musulmanes, Soria seguirá siendo un enclave estratégico debido a las luchas por el territorio entre los reinos de Castilla, Navarra y Aragón, por la importancia de la cabaña trashumante en esta zona y por el mercado de la lana y su peso en el Real Concejo de la Mesta. Por este motivo comercial, la Aljama judía de Soria llegaría a ser una de las las diez aljamas mayores del reino de Castilla durante el Siglo XV. 


Al comienzo de la repoblación de la ciudad, los judíos parece que se concentraron en los aledaños del castillo, según ha quedado documentado:

en el castillo de Soria, dentro del muro principal, hay un cuerpo espacioso en el cual antiguamente hubo trescientas casas y un templo, que hoy dura, aunque arruinado. Muchas de estas casas dicen que eran de judíos, y aquella población, con la que había por fuera, se llamaba alhama”. 

No debe interpretarse esto como que los judíos moraban en el interior de la fortaleza, sino en sus alrededores o inmediaciones, aunque sí que la comunidad judía tuvo a su cargo, como fue habitual en los reinos hispanos durante la edad media, la defensa de la fortaleza a cambio del disfrute de una total libertad de movimientos, el estar exentos de pagar toda clase de monedas y, lo que era más importante, de una especial protección por parte del monarca, como así quedó registrado durante el reinado de Enrique IV en un privilegio existente en el archivo del Ayuntamiento.



Como señalan B. Taracena y J. Tudela en "Soria: Guía artística de la ciudad y su provincia", cobijada en la espaciosa plaza de armas y en las inmediaciones del Castillo (de Oria), vivió apiñada la población judía y fue tan numerosa que era considerada la aljama de Soria como una de las principales de Castilla.


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Por la insuficiencia de espacio en los alrededores del castillo para acoger una población cada vez mayor y por el deseo de los judíos quizás de acercarse a la parte baja de la ciudad, donde se desarrollaba la actividad comercial en torno a la iglesia de Santa María del Azogue, cercana a la colegiata de San Pedro, la comunidad comienza a asentarse en las proximidades de la Plaza Mayor. La Calle del Teatro, que baja hasta dicha Plaza Mayor, se llamaría hasta tiempos no muy lejanos como la Calle de la Judería y se cree que aquí estuvo situada una de las sinagogas que tuvo la aljama de esta ciudad. 


La extensión de la judería abarcaría la cuadrilla de San Juan de Rabanera y la Plaza de Tovasol, hasta la Ermita del Mirón y Puerta de Nájera, donde tal vez tuvieron una sinagoga, según Nicolás Rabal.



También había otra aljama en el llamado arrabal, quizás extramuros, pero que hasta el día de hoy no ha sido fácil de localizar, aunque en los privilegios queda distinguida de la del Castillo.
En la ladera oriental del monte Oria se situó la necrópolis judía, donde, en el Siglo XX, tras unos trabajos de reforestación se encontraron varias tumbas de forma antropomorfa con cabecera oval, cuya estructura sigue modelos cristianos muy habituales en la época, así como una lápida correspondiente a Abraham Satabi que hoy se encuentra en el Museo Numantino de la ciudad de Soria, y confirmándose que la necrópolis se situaba fuera de la murallas de la ciudad. En la actualidad, debido a la gran pendiente y a la falta de adecuación, no es posible su visita.


Por el padrón que hicieron los almojarifes hebreos en la ciudad de Huete para el reparto de los servicios y encabezamientos de los judíos de Castilla, se sabe que la de Soria pagó 1038 maravedíes por encabezamiento. En tiempo del Rey Alfonso X el Sabio, se hizo un padrón, resultando que junto con las doscientas personas que vivían en los alrededores del castillo, en la ciudad de Soria hacían un toral de unos 1200 judíos. 

Según Luís Suárez, con arreglo a las cantidades pagadas por los judíos sorianos en los repartimientos del “Servicio de los castellanos de oro” entre 1486 y 1490, próximas a los 100.000 maravedíes anuales, se puede calcular una población hebrea cercana a las 300 familias en las fechas inmediatamente precedentes a la expulsión.
 
Entre los sorianos judíos más importantes, hay que destacar a Yusuf Albo, uno de los grandes talmudistas del Siglo XV. También al Rabino de la ciudad, Selomoh bar `Ali, autor de "Escolios del Talmud", y discípulo del Maestro Yonah que sería el precursor de la escuela de iluminadores de finales del Siglo XIII y comienzos del XIV. Soria contó además con grandes cabalistas judíos medievales como fueron los hermanos Jacob e Isaacben Ha-Cohén, Sem-Tob ben Abraham ibn Gaón y Abraham Benveniste que en 1432 alcanzaría a ser el tesorero mayor de Juan II.


Parece que por los datos que nos han llegado hasta actualidad, las relaciones entre cristianos y judíos fueron tradicionalmente buenas en Soria hasta mediados del siglo XV, o al menos, no se mencionan en las crónicas de la villa enfrentamientos de importancia. Aunque sí que en 1380, durante la celebración de las Cortes convocadas por Juan II se publican las  disposicionesdictadas contra los judíos en Soria, lo que  caracterizaría a la ciudad, según Menéndez Pidal, por su gran antisemitismo. No obstante, sí que durante las persecuciones durante 1391 la comunidad judía debió sufrir algún acto violento, a juzgar por una carta que el 16 de julio de 1391 envió la reina de Aragón, Doña Violante de Bar, al Arzobispo de Toledo, en el que la propia reina solicita la libertad para Samuel Bienveniste, un judío de Zaragoza, que cuando regresaba de Castilla al reino de Aragón, “hoyendo decir en el camino de Valote, ques era movido en Soria contra los judíos”, se refugió en el castillo de Cabrejas del Pinar, donde lo tenía preso desde entonces el Obispo de Osma. Pero en todo caso, no debieron sufrir demasiado al poder refugiarse en el castillo, según escribió YosefHa-Kohén en su “Emeq ha-Bakka” (El Valle del llanto). 
En seguida, los judíos se recuperarían por la política de protección de los monarcas hacia la población hebrea. Así, el 22 de junio de 1397, el rey EnriqueIII otorga a la aljama de Soria el privilegio de poder pasar semanalmente 20 cargas de vino de Aragón y Navarra, así como mantenimientos diversos para su provisión en el castillo, como recompensa por la defensa y guarda que hacían de la fortaleza. 


A lo largo del último tercio del Siglo XV se comprueba en el caso concreto de la Aljama de Soria como se produce un aumento de la presión sobre los judíos por parte de las autoridades municipales; aunque en general no eran frecuentes las acciones violentas, si se producían reiteradas negaciones a las aljamas a los concursos de la justicia concejil, restricciones en el suministro de víveres, insistencia en los apartamientos y al aislamiento de la comunidad, así como a la contribución en los impuestos locales, lo que provocaba no pocas quejas y pleitos. 

Con la unión de los reinos de Castilla y Aragón comienza a producirse en Soria el declive de la actividad comercial al dejar de ser un lugar de paso entre fronteras. En 1477 los Reyes Católicos declaran la orden de una judería obligatoria en Soria para evitar los dapños que por causa de bevir e morar e estar los judíos entre los christianos se seguían, hordenamos e mandamos que de aquí adelante los judíos non bibiesen nin morasen entre los christianos” que no se extendería al resto de juderías de ambos reinos hasta las Cortes de Toledo de 1480

Unos años más tarde, en 1479, en plena Guerra de Sucesión de Castilla, se producen algunas revueltas antijudías con la excusa de usura de prestamistas judíos de Soria.
Finalmente los judíos son apartados del Castillo en 1487 aunque no definitivamente de la ladera del monte Oria, donde habitarían hasta su expulsión en 1492, año en el que el decreto de expulsión de los judíos marca el comienzo de la definitiva decadencia económica y social de la ciudad de Soria y que duraría hasta bien entrado el Siglo XX.


Bibliografía:

[1] Sinagogas Españolas. Cantera Burgos, Francisco. Consejo Superior de Investigaciones Científicas. Instituto "Benito Arias Montano". Madrid. 1984.
[3] Les Juifs de Soria et Isabelle la Catholique. Julien Weill
[4] Juderías medievales en la provincia de Soria», Homenaje a Fray Justo Pérez de Urbel. Cantera Burgos, Francisco. Silos 1976, pp. 445-482.
[5] Del Pasado Judío en Los Reinos Medievales Hispánicos: Afinidad y Distanciamiento. Yolanda Moreno. pg. 278. 
[6] Soria. Sus monumentos y Arte - Su naturaleza e Historia. Rabal, Nicolás. Barcelona, 1889.
[7] Fontes Iudaeorum Regni Castellae. II: El Tribunal de la Inquisición en el Obispado de Soria (1486-1502). Carrete Parrondo, C, Con una valoración psicológica por M. J.  Castaño González, Salamanca 1985. 
[8] La Soria de los judíos: Sus caracteres elementales. Arevacon - vol. 16 - Museo Numantino/Soria - 2006 - 15pp. Castaño, Javier 
[9]  "Conflictos entre el concejo y la aljama de los judíos de Soria en el último tercio del siglo XV", Cantera Montenegro, Enrique. Anuario de Estudios Medievales, 13 (1983), págs. 583-599.

lunes, 16 de abril de 2012

El Arrabal de Mojácar

La antigua Murgis-Akra griega o Muxacra árabe destaca desde la lejanía con su color blanco, erguida sobre una ladera de una de las colinas de Sierra Cabrera, vigilando el valle del río Aguas. El trazado árabe de sus calles empinadas, estrechas y laberínticas nos devuelve a su esencia morisca. Musulmanes, judíos y cristianos vivieron en este pequeño pueblo del levante almeriense durante siglos. 



Sin embargo, la existencia de una comunidad judía en esta población, podría incluso ser mucho anterior a la de esta convivencia medieval, y es que los Fenicios y Cartaginenses llegaron a tener mucha presencia, y, como se ha sugerido, los judíos pudieron llegar a estas costas con estos comerciantes. 




La entrada natural a la ciudad, se hacía, antes de que se construyera una calle que bordeaba al municipio por su parte septentrional, por la Calle de la Fuente, encaramándose zigzagueante por la colina, hasta llegar a la antigua Puerta de la Ciudad o de la Medina, la única puerta que poseía el antiguo recinto amurallado erigido en el siglo XVI, tras el gran terremoto que asoló la zona, sobre otro anterior que partía desde el castillo, hoy ya desaparecido, y en el que en su lugar hay hoy un mirador.



La puerta que se conserva en la actualidad está formada por un arco de medio punto sobre el que se sitúa el escudo de Mójacar, con un águila bicéfala, por la lealtad de la villa a la dinastía de los Austrias durante la guerra de las Alpujarras y con la leyenda siguiente: “La muy noble y muy leal ciudad de Mojácar, llave y amparo del Reino de Granada". Adosada a la antigua puerta, se conserva la antigua estancia del cobro de “impuestos de puerta”, la Casa del Torreón, del siglo XVIII.




Fuera de la zona amurallada, y cobijada entre el barranco y la ciudad, de espaldas al mar y cara a la montaña, se sitúa el Arrabal, donde posiblemente habitara la comunidad judía de Mojácar.







Los motivos por lo que numerosos historiadores han llegado a esta conclusion es debida fundamentalmente a que ninguna de las cinco iglesias que existieron en Mojácar se hallaba en este barrio extramuros, y no a la existencia de algún yacimiento o edificio, pues hasta el día de hoy no se ha hallado vestigio alguno de la comunidad hebrea en esta localidad.

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La villa de Mojácar, que tuvo su mayor importancia durante el Califato de Córdoba, se situó durante toda la alta edad media como zona limítrofe entre los reinos de Castilla y el Nazarí de Granada
En 1435, tras una incursión cristiana en la zona, se sometió la ciudad a un largo, aunque no continuo, asedio, teniendo la población que dedicarse casi en exclusiva a la actividad bélica. Con fecha de el 10 de junio de 1488, los líderes de la región acordaron atacar a las fuerzas cristianas, aunque alcaide de Mojácar, Mosaqar Alabez, se negó a participar, teniendo en cuenta que su pueblo ya era español, tal como puede leerse en una placa en la fuente pública al pie de la ciudad:

Yo soy tan español como vos cuando llevamos los de mi raza mas de setecientos años de vivir en España nos decís que nos marchemos. Yo no hice nunca armas contra los cristianos, creo justo pues que se nos trate como hermanos, no como enemigos y se nos permita seguir labrando nuestra tierra.y añadió: Yo antes de entregarme como un cobarde, sabré morir como un español”. 

El Capitán Garcilaso, mandado a la zona para presionar al reino Nazarí desde el norte, regresó a Vera y contó a los reyes la entrevista, quienes otorgaron la confianza a Mojácar que se mantuvo fiel a su palabra y vivió como una ciudad más de la España cristiana. Fue en la “Fuente de la Mora “donde se realizó la histórica entrevista en la que se establece un pacto de convivencia entre cristianos, árabes y judíos y la capitulación de la ciudad dos días más tarde, un 12 de junio de 1488, entregándole el Alcaide de la ciudad al Capitán Garcilaso.



Está documentado el hecho de que los moros fueron expulsados de Mojácar, incumpliéndose la palabra dada por los RRCC desde el mismo momento de la entrega de llaves. Se les permitió marchar a Africa, o establecerse en Turre, Teresa y Cabrera, donde fundaron comunidades mudéjares. Mojácar fue repoblada con cien familias cristianas procedentes del reino de Murcia. No se tiene constancia que la población judía fuese expulsada hasta el 1492.