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lunes, 22 de octubre de 2012

La Judería de Torija

Torija es una villa con situación privilegiada que creció a la sombra de lo que en tiempos fuera uno de los caminos paralelos a la Vía Complutense, el llamado camino Alto de Aragón, tránsito natural cómodo hacia Aragón. Las primeras reseñas escritas datan de la Reconquista, siendo de gran valor estratégico, al final de un amplio valle, el valle de Torija, que hizo que desde muy tempranas fechas se construyera una atalaya de vigilancia alrededor de la cual se levantaron, una a una, el resto de las edificaciones del municipio. De esa atalaya hay lingüistas que indican que de ahí viene su nombre, en la que la palabra Torija, procede de la palabra latina turrícula, o torrecilla.
Hay otros expertos que relacionan el origen del topónimo Torija al gran conquistador musulmán Táriq Ibn Ziyad y que llegó a este lugar buscando, según cuenta la leyenda, la famosa Mesa del Rey Salomón.
Apenas quedan noticias de su etapa árabe. Tras la reconquista de la zona por Alfonso VI en 1085, dice la leyenda que tuvo la posesión de Torija la Orden de los Templarios, quienes aquí instalaron convento y mejoraron algo la fortaleza y custodiando la ya mencionada Mesa del Rey Salomón.


Durante los siglos XIV y XV, existieron en torno a la ciudad de Guadalajara hasta 17 juderías[1] , entre las que se encontraba la de Torija, que tenía un barrio judío pero que no disponía de sinagoga, por lo que los judíos de esta villa alcarreña debían trasladarse a las juderías de Hita o de Brihuega para realizar sus reuniones, instrucciones sobre la biblia o ceremonias, ya que estas dos villas cercanas si contaban con edificio religioso.
En Torija en la actualidad no encontramos huellas de esa presencia judía, ni en restos arquitectónicos ni en los topónimos de su callejero, pero, si nos atenemos a las fisonomías de otras juderías de otras tantas villas castellanas, es de suponer que las familias hebreas se encontrarían viviendo en las inmediaciones del Castillo del siglo XV (construido sobre los restos de una antigua atalaya) y de la plaza de la villa a los pies de dicha fortaleza, por dos razones fundamentales: Al ser los súbditos hebreos propiedad del rey, sería  responsabilidad del señor de la villa su protección, por lo que sus cercanías a la residencia de éste, sería un condicionante para su seguridad. Y por otro lado, al ser la dedicación fundamental de los judíos (al no permitírsele otro tipo de trabajos) el comercio o compraventa de mercancía, el  vivir cerca de la plaza del mercado sería una ventaja para dichos negocios.  




Otro de los trabajos a los que los judíos de esta zona de Castilla (fundamentalmente Torija y Brihuega) se dedicaron, fue  a la industria textil, aunque a partir de 1391 les fue prohibida. 



Torija estuvo rodeada totalmente por una muralla que contaba con tres puertas de acceso a la villa. Con el paso del tiempo los diferentes muros han ido desapareciendo ocultos tras las viviendas o derruidos en las diferentes reestructuraciones urbanísticas sufridas por el municipio, pero pudiera ser que la judería se encontrara además en la zona de la muralla más cercana al castillo y a la plaza, pero, como hemos mencionado, esto son sólo teorías, pues , de la  Judería de Torija sólo queda el recuerdo de su existencia pues no se ha conservado dato alguno que aportar.



View Judería de Torija in a larger map
 
Otra posible ubicación de la judería de Torija, estaría justo en el lado contrario, sobre la muralla, con salida al norte, y por tanto, con acceso directo al camino hacia Hita y Brihuega, detrás de la actual Iglesia de Nuestra Sra. de la Asunción, donde el entramado de las calles recuerda mucho a la típica disposición medieval de una judería, siendo además, el centro de dicha área, una plazuela con soportales, llamada plazuela de la Iglesia, que nos hace recordar mucho a la arquitectura de la calle mayor de Alcalá de Henares, donde se situaba casualmente, el centro de la judería. Aunque, volvemos a aclarar, que debido a la falta de datos, esto son sólo suposiciones.



En cuanto a la población que pudo tener la Judería, se tiene constancia que en los repartimientos de las juderías de la Corona de Castilla en 1474, los judíos de Torija aportaron  500 maravedíes, por lo que se estima que su población era pequeña,  en comparación con otras más cercanas como la de Alcalá de Henares , Guadalajara, Hita  o Brihuega.



En la salida de Torija, en la calle que lleva hacia la carretera que une esta localidad con Brihuega, podemos ver La Picota, columna que toda villa poseía para dar castigo y servir de escarmiento a toda la población por los posibles delitos que el reo allí atado pudiera haber realizado. Aunque no hay datos sobre posibles judíos conversos allí castigados durante la época de inquisición, bien pudo ser utilizada para este fin. 





[1] Cantera Burgos, Carrete Parrondo “Las Juderías Medievales en la Provincia de Guadalajara”, 1975.

lunes, 5 de marzo de 2012

La Judería de Segovia: La Leyenda de María del Salto

Entre las diversas leyendas de la ciudad de Segovia que se han ido forjando a lo largo de su historia, esta de María del salto o la Mari Saltos, es junto a la de la profanación las dos únicas con cierto carácter antijudío, propias de los siglos XIV y XV, aunque ésta de María del Salto es un poco anterior, pues el mismísimo rey Alfonso X "El Sabio" le dedica la cántiga 107:


Cuenta la leyenda que vivía en la ciudad una judía llamada Esther, que decidió dejar sus creencias judías y abrazar la fe cristiana. Por esta razón los judíos la acusaron de adulterio, y tras el juicio, quedó sentenciada a ser despeñada desde la cima de las Peñas Grajeras, una cortado sobre el río Eresma donde es posible contemplar la ciudad, para cumplir la condena.




En el momento de ser arrojada al vacío, atada de pies y manos, la judía Esther imploró a la virgen de la Fuencisla, por su salvación, mirando hacia la catedral, donde sobre la puerta había una imagen suya.
Una vez fue lanzada, cuenta la leyenda que una fuerza celestial la sujetó y la dejó suavemente en el suelo, salvándose, por tanto. Días más tarde, Esther fue bautizada por el Obispo Bernardo, cambiándole el nombre por el de María en honor a la virgen que milagrosamente la salvó. El pueblo segoviano le añadió el sobrenombre "del Salto", aunque cariñosamente también se la llamó Mari-Saltos en honor a tan milagroso hecho.
Desde ese momento, la virgen de la Fuencisla pasó a ser la patrona de la ciudad de Segovia, y en el lugar donde se produjo en milagro, se levantó entre los años 1598 y 1613 un santuario que aún hoy sigue en pie en honor de la Virgen.
La virgen preside hoy día la plaza del Azoguejo desde una hornacina situada en el acueducto.



domingo, 29 de enero de 2012

La Judería de Segovia: La Leyenda de la profanación y el origen de la festividad de la " Catorcena"

Cuenta la leyenda que en el año 1410 el sacristán de la iglesia de San Facundo contaba con muchas deudas, y fue a pedir un préstamo a un judío médico adinerado de la ciudad.  Éste accedió a prestarle el dinero si a cambio le entregaba una hostia consagrada. El sacristán aceptó y una noche se realizó en cambio (en una calle que hoy se llama del Malconsejo por lo que allí aconteció aquella noche).



El médico se reunió con otros judíos en la sinagoga Mayor de Segovia y decidieron arrojar la hostia consagrada en un caldero de agua hirviendo que tenían puesto al fuego. Pero antes de llegar a rozar el agua, la forma se detuvo en el aire, la sinagoga empezó a temblar y un muro se abrió de arriba a abajo: por allí salió mágicamente el cuerpo de Cristo y sobrevoló toda la ciudad para ir a refugiarse al monasterio de la Santa Cruz
Enterado el Obispo de Segovia de aquel suceso, quiso averiguar la causa del mismo y se iniciaron las investigaciones. El Sacristán confesó inmediatamente su culpa y el médico fue apresado y condenado a muerte. El Rey, Juan II, confiscó la Sinagoga, entregándola al Obispo, quien la consagró inmediatamente al culto cristiano, y llamándola, en memoria de lo que allí sucedió, Iglesia del Corpus Christi, cediéndola a la comunidad religiosa de las Hermanas Clarisas que hoy día continúan allí.
Un cuadro de Vicente Cutanda, con el título de "El Milagro de la Eucaristía", en la entrada de la Iglesia del Corpus Christi, nos relata lo que allí cuenta la leyenda que aconteció.


Convento de Corpus Christi - Milagro de la Eucaristía, de Vicente Cutanda


Desde entonces la ciudad de Segovia celebra todos los años esta fiesta de “La Catorcena” el primer fin de semana de Septiembre, debiendo este nombre a las catorce parroquias que entonces había en la ciudad. Cada año le corresponde a una de ellas realizar los actos  presidida por el obispo y una gran procesión, desde la iglesia correspondiente hasta la iglesia de Corpus Christi.